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FE EN LA FE Y PENSAMIENTO POSITIVO

Por: Dave Hunt

‘Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos’ (Judas 3).

confesion positiva

Con los muchos recursos del mundo moderno a nuestro alcance,  nos es muy fácil contentarnos con poner en marcha un programa de la televisión cristiana o con hojear una revista o un libro cristiano para consultar las opiniones de expertos en lugar de reflexionar cuidadosamente las  cuestiones por nosotros mismos. El cristianismo nunca tuvo la intención de devenir una secta en la que se siga ciegamente al guía. Es responsabilidad y privilegio del cristiano individual sumergirse en la Palabra de Dios, estudiarla diligentemente, meditar acera de ella, y vivir por ella. La vida cristiana es una entrega de veinticuatro horas diarias y de siete días a la semana, no un juego que jugar parte del tiempo. No es un club al que unirse y que tenga sus rutinas en ciertas horas de días especiales en unas propiedades designadas y exentas de impuestos para que aquellos que asiste de manera constante (o incluso esporádica) puedan sentir la satisfacción de haber cumplido con su deber y luego volver a vivir la vida en el mundo real.

La cuestión fundamental
Todos los cristianos estarían de acuerdo en la importancia suprema que se le da la fe. La Biblia nos asegura que somos «salvos por la fe» (Efes. 2:8) y que el justo «por la fe vivirá» (Rom. 1:17), y nos recuerda que «sin fe es imposible agradar a Dios» (Heb. 11:6). Finalmente, se nos manda que tomemos «el escudo de la fe», la defensa esencial del cristiano contra todas las armas del enemigo de su alma (Efes. 6:16). Evidentemente, para el cristianismo bíblico es esencial tener una visión correcta de qué es la fe. Por consiguiente, errar o confundirse en el área de la fe es algo muy grave.

De modo que es comprensible que en sus planes para seducir a la raza humana, Satanás haga de la fe el objetivo  primordial de su ataque, intentando destruirla o al menos desacreditarla en las mentes de algunas personas, o, como el Sumo Engañador que es, adormilar a otros en una falsa seguridad, o que es ciertamente un engaño mortífero. Desafortunadamente, mucha de la actual enseñanza acerca de la fe que se da en la Iglesia ha venido a facilitar las cosas a Satanás. A menudo aquellos que ponen el énfasis sobre la fe parecen ser los menos bíblicos, y tuercen las Escrituras para que concuerden con sus ideas peculiares. El resultado de esto es que muchos cristianos están tan confundidos acerca de la fe que son incapaces tanto de ayudar a los buscadores sinceros como de refutar a los críticos.

[…]Una fe que mueve montañas
 Muchos cristianos sinceros se imaginan que la fe es creer que aquello que piden en oración sucederá. Esto no es fe, sino presunción. Si lo que pedimos en oración acontece porque hemos creído que sucedería, entonces e realidad Dios no ha tenido parte verdadera alguna en la respuesta  a nuestra oración, sino que hemos producido los resultados por el poder de nuestra propia creencia. Hay una inmensa diferencia entre creer que aquello que pido en oración sucederá porque creo que sucederá y creer que Dios lo hará suceder como respuesta a mi fe en El. El reconocimiento de esta diferencia es de crucial importancia si vamos a comprender qué quería decir Jesús cuando declaró: ‘Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá’ (Mr.11:22-24).

Muchos cristianos concluyen erróneamente que la fe es un poder que capacita a aquellos que lo poseen a mover montañas con solo ordenarlo y a conseguir cualquier deseo sencillamente por medio de una confesión positiva. Que esto no es así debería quedar claro en base del hecho de que Cristo introduce toda esta declaración con estas palabras: «Tened fe en Dios». En lugar de tratarse de un poder que nosotros dirigimos, la fe es confianza en Dios y en lo que El hará. El elemento clave en la fe es conocer la voluntad de Dios. Desde luego, nadie querría llevar a cabo por medio del poder de la fe nada contrario a la voluntad de Dios, aunque fuese posible. Ni daría Dios fe a nadie para creer lo que es contrario a su voluntad.

El intentar creer lo que o estamos seguros que sea su voluntad sería una presunción. Evidentemente, no puedo tener fe en Dios para mandar en su nombre a una montaña que se mueva de sitio, excepto si sé cuándo y a dónde es la voluntad de Dos moverla, y que yo soy su instrumento escogido para ello. Tampoco puedo creer que recibiré aquello por lo cual oro excepto si sé que es la voluntad de Dios y que estoy en una relación de pureza y obediencia que le permitirá bendecirme de esta manera (1 Jn. 3:22; 5:14, 15). Dave Wilkerson escribe: «La iglesia antes confesaba sus pecados, ahora confiesa sus derechos».

[…]La fe y los medios cristianos de comunicación
La televisión es la rama más poderosa de los medios de comunicación. Por ello, es alarmante observar que la mayor parte de los medios cristianos de comunicación, en lugar de estar bajo la dirección de un grupo representativo de líderes eclesiales, están controlados por un puñado de individuos. Y ellos tienen una total autoridad sobre este medio sin precedentes para diseminar bien la verdad, bien la apostasía, y están aislados de toda corrección procedente del cuerpo de Cristo. Los que querrán confrontar las posturas de estos líderes son por lo general excluidos de las redes y emisoras. (Con esto no se quiere negar que haya también excelente programación en la televisión cristiana, con un sólido contenido bíblico que alienta a los televidentes, que impulsa a la verdadera adoración y que anima a los cristianos a andar más de cerca con Dios.) Naturalmente, es responsabilidad de cada televidente individual – o del lector de libros como este – discernir por sí mismos que es de Dios y conforme a su Palabra, y qué no es de Dios.

[…]La mayoría de los televidentes no son conscientes de que la Confesión Positiva y la enseñanza del Rhema, que dominan tanto en la televisión cristiana, bien lejos de ser representativos del cristianismo bíblico, no son aceptadas por ninguna denominación principal. Además, esta falsa enseñanza ha sido también rechazada por las principales denominaciones pentecostales (como las Asambleas de Dios). La fe es desde luego predicada, pero casi siempre como un poder para conseguir salud, riqueza y bendición personal. La fe que tiene un contenido moral – que demanda santidad y obediencia y que produce paz y gozo – es demasiadas veces descuidada. Y aunque la Palabra es enfatizada, también es a menudo retorcida y maltratada por aquellos que pretenden ser sus principales proponentes.

La enseñanza carismática extremista que domina en la mayor parte de la televisión cristiana no debería ser confundida con el pentecostalismo de la línea antigua, que generalmente se opone a ella. En su excelente tesis para obtener el grado de maestría en la Universidad Oral Roberts, Daniel Ray McConell explicaba el meollo del problema:

“Uno busca en vano la llamada «teología carismática». Sencillamente, no existe (ni jamás ha existido). Se ha cortado el cordón umbilical con la Madre iglesia y el bebé carismático está yendo de acá para allá, buscando en lugares extraños y peligrosos y de algunos individuos bastante peculiares el sostenimiento doctrinal necesario para su propia supervivencia. Innecesario es decir que el proceso de destete podría ser verdaderamente peligroso”.

La «confesión positiva de la Palabra de Dios»
El segmento del cristianismo de crecimiento más rápido en los últimos años ha tenido lugar entre las iglesias relacionadas con el movimiento de la Confesión Positiva o el Movimiento de Fe. No constituye todavía una nueva denominación, pero desde luego representa enseñanzas innovadoras fuera de la corriente central del cristianismo. McConell señala que «cualquier nuevo movimiento religioso [dentro del protestantismo] ha de soportar el escrutinio en base de dos criterios: la fidelidad bíblica y la ortodoxia histórica».

Lamentablemente, el movimiento de la Confesión Positiva falla en ambos criterios. Las raíces históricas de este movimiento (designados por Charles Farah como «Teología de la Fórmula de la Fe»), arrancan del ocultismo y más recientemente en el Nuevo Pensamiento y su brote, las sectas de la Ciencia de la Mente. Su base bíblica se encuentra solo en las peculiares interpretaciones de sus propios líderes, o en la teología cristiana generalmente aceptada.

Depositando fe en tu fe
Esta versión carismática de la metafísica de la Ciencia de la Mente está logrando una creciente credibilidad en la Iglesia. Es una herejía sumamente grave. El objeto de la fe viene a ser la fe misma como fuerza cósmica. Se centra la atención en depositar la fe en la fe y se desarrollan técnicas para ello en lugar de tener fe en Dios, que es lo que enseñó Jesús. Para funcionar como los dioses que Dios quiso  fuésemos, hemos de desarrollar fe en nuestra fe tal como Dios, según se afirma, tienen fe en su fe.

En ninguna parte de la Biblia se nos dice que  tengamos «fe en nuestra fe». Tenemos fe en Dios -una confianza total absoluta, incuestionable -debido a que Él es digno de confianza y todo poderoso. Tal como dice W.H. Griffith Thomas en su excelente comentario sobre Romanos: «No hay valor ni mérito en la fe, porque deriva su eficacia no de la persona que confía sino de la persona en quien se confía». La “fe en la fe” no es sólo un concepto antibíblico y un absurdo carente de lógica, sino que además destruye la fe en Dios.

La Confesión Positiva es básicamente el Nuevo Pensamiento enfervorizado y revestido de lenguaje evangélico/carismático. El Nuevo Pensamiento, que surgió en América a fines del siglo pasado, puede ser remontado a su vez a Phineas P. Quimby (1802-1866), cuyos “estudios en mesmerismo (hipnosis), espiritismo y fenómenos semejantes… constituyeron la base para una nueva estructura en el mundo del pensamiento” y que “fue considerado como el fundador del movimiento  (del Nuevo Pensamiento).” Este mesmerista de Nueva Inglaterra, que sanó a Mary Baker Patterson (posteriormente Hedí) en 1862, debe ser reconocido como el genio que revistió al antiguo chamanismo (hechicería) con términos científicos para formar lo que el llamó “La Ciencia de Cristo o Verdad” y que más adelante llamó “Ciencia Cristiana”.

Contendiendo por la fe
Pablo nos advierte de que la oposición a la verdad de Dios contra la que tenemos que guardarnos y confrontar en los últimos días no provendrá  primariamente de los que rechazan lo sobrenatural, sino de los que parecen obrar milagros. Refiriéndose a Janes y Jambres, los magos de faraón que “resistían a Moisés” duplicando con poderes satánicos los milagros que Dios hacía por medio de Moisés y Aarón, Pablo afirma que habrá similares obradores de milagros que “residen a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe” (2 Tim. 3:8).

Es evidente por las Escrituras que los milagros genuinos también continuarán en los últimos años. En caso contrario, lo que pareciese milagroso sería automáticamente  identificado como procedente de Satanás, por cuando los milagros han cesado, se nos ha advertido que necesitaremos discernimiento parta distinguir entre los verdaderos milagros de Dios y las astutas falsificaciones de Satanás., esta advertencia es solemne, y no osaremos ignorarla. Una vez más Pablo nos recuerda que la verdad es primordial. La cuestión es lo que creemos, no simplemente que creamos. Esto nos debe a que causemos que ocurra o que venga a existir aquello que creemos, sino porque o bien creeremos la  verdad de Dios (la fe), o la mentira de Satanás.

Hemos de ser muy cuidadoso en no torcer la Palabra de Dios para ajustarla a nuestros deseos o teoría egoístas o incluso bienintencionadas, sino que debemos dejar que ella nos enseñe y conduzca. Y debemos apartarnos de todo aquel mensaje que centre su mensaje primario en el hombre y no en Dios, que busque más conseguir bendiciones para el yo que crucificar el yo y glorificar a Dios.

[…]No osaremos mantenernos en silencio -¡no debemos! -, ni nos dejaremos llevar del miedo a hablar por temor a ofender o a causar divisiones, mientras se falsea la fe una vez dada a los santos. No debemos contemporizar, porque ello no ayuda sino que estorba la causa de la verdad. Dejar de contender ardientemente por la fe deshonra a Dios, y aunque puede evitar que surjan sentimientos heridos y egos dañados, destruye almas por las que Cristo murió. Si el amor de Cristo gobierna nuestros corazones, entonces contendremos ardientemente por la fe que Él nos ha dado.

Tomado del libro: Mas Allá de la Seducción
Traducción: Armando Valdez
https://evangelio.wordpress.com/