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APÓSTOLES Y PROFETAS

APÓSTOLES Y PROFETAS
Por: Jorge Castañeda

apostoles y profetasLa edificación de la Iglesia de la iglesia, es un tema siempre pertinente y necesario. Como Iglesia creemos que aunque aún tenemos camino por recorrer para llegar a la estatura de nuestro Señor, por lo que el tema de la edificación de la Iglesia, debe ser pues motivo de continua atención de todos los creyentes porque precisamente este tema habla de nosotros como piedras vivas.

 

Pero es necesario discernir la distinción que existe entre nuestra posición actual como piedras vivas dentro de este edifico llamado Iglesia y el papel que han tenido que desarrollar personajes especiales en la historia de la Iglesia. Hablo específicamente de aquellos apóstoles y profetas sobre los que la Iglesia es edificada. Permítame ir panorámicamente sobre el fundamento sobre el cual estamos parados y al a vez implicar este importante asunto para hoy.

 

Debemos discernir tres elementos básicos, constitutivos del “edificio espiritual” llamado Iglesia: 1° La piedra angular, que es Cristo mismo; 2° El fundamento apostólico y profético, que constituye la trabazón entre la piedra angular y las demás piedras que van elevando la construcción; y 3° El edificio propiamente dicho.

 

Toda construcción ha de tener un fundamento firme. El templo espiritual que es la Iglesia del Dios vivo tiene una piedra angular, única a insustituible, Jesucristo. Luego, los apóstoles que él escogió y llamó, constituyen el fundamento, también único, sobre el que la Iglesia se levanta. Y esta elevación es la formada por todos los creyentes, el edificio que ha de servir para “morada de Dios en Espíritu”, cuya eficacia se halla en la trabazón que mantiene con la Piedra angular pasando por el fundamento apostólico/profético.

 

En el libro de Efesios la “formula” Apóstoles y Profetas, se encuentra en tres ocasiones. No hay razón alguna para interpretar con un significado distinto apóstoles y profetas en los diferentes textos, ya que el argumento de Pablo es el mismo, el señalar la manera en que la Iglesia es edificada en este fundamento. Miremos los textos:

…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo…(Ef.2:20).

…misterio…que ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu…(Ef.3:5).

…Y El mismo constituyo a unos, apóstoles, a otros, profetas…a fin de perfeccionar a los santos…para la edificación del cuerpo de Cristo… (Ef 4:11 y 12).

Algunos piensan que los profetas, en estos textos mencionados, son los profetas del Antiguo Testamento. Según el propio contexto del libro de Efesios, no es probable esta interpretación, hay más razones para creer que hace referencia a los profetas del tiempo Neotestamentario. Hendriksen traza 4 argumentos que explican el porqué los profetas mencionados en estos pasajes no son los del Antiguo Testamento:

 

• Se mencionan primero los apóstoles (A comparación con los textos que refieren un orden, los que señalan la Ley y los profetas o profetas y apóstoles 1 Pd 1: 10 al 12, 2 Pd 3: 2)

• El nombre fundamento de la casa, morada compartida igualmente por los judíos y gentiles, se adapta mejor a los profetas del Nuevo Testamento, que a los de la Antigua dispensación.

• De acuerdo con el 4: 11, los profetas se mencionan allí inmediatamente después de los apóstoles y son dones dados a la Iglesia por el Cristo ascendido, por tanto son profetas de la era del Nuevo Testamento.

• En el pasaje de 3: 5, se excluye naturalmente los profetas del Antiguo Testamento y hace referencia a los del Nuevo. “La palabra “es revelado”, se encuentra en tiempo aoristo, que se refiere a actos o eventos específicos. Al acoplarse con la palabra ahora, indica en este texto el carácter inmediato y actual de la revelación, que fue dada de manera exclusiva a santos apóstoles y profetas del Nuevo Testamento y no a cualquier otra persona antes o después de ellos

 

Así que los profetas que se mencionan no son los del Antiguo Testamento sino los del Nuevo. Se refiere a aquellos hombres dotados por el Espíritu Santo como maestros del evangelio cristiano.

 

APÓSTOLES
Cristo “llamó a sus discípulos y escogió Doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”. Lc 6: 13 Este llamamiento que hizo el Señor, se convertiría en el más alto llamamiento, por el cual se llevarían a cabo los planes salvíficos de Dios a partir de Cristo. Primero fueron discípulos, luego fueron denominados apóstoles. Esta relación cercana con Cristo seria determinante para su oficio

Requisitos
En 1 Jn 1: 1 al 4, encontramos la alusión más precisa del ministerio apostólico y su relación con la Iglesia. El argumento de Juan es evidente: La Vida fue manifestada de manera tal que pudo ser objeto de la vista y hasta, incluso, tocada con las manos. Los apóstoles vieron y palparon esta Vida; y a ellos encargó Cristo el anunciar a los demás hombres el poder Salvador inherente a la misma. Mediante esta declaración, se establece un lazo de comunión entre los creyentes y el apostolado. Y, por consiguiente, como resultado de esta comunión con los apóstoles, los creyentes también pueden tener comunión con el Padre y con el Hijo.

 

Debido al carácter del apóstol, cuando Judas dejo su lugar, fue necesario escoger, un sustituto, no un sucesor, (en el sentido católico romano del término) quien había estado presente en el ministerio de Cristo desde que empezó su ministerio hasta que fue recibido arriba. Hch 1: 21 y 22. Como consecuencia de esto, cuando Pablo fue comisionado por Cristo para llevar a cabo su ministerio, inicia una de sus mayores complejidades, la cual era demostrar su apostolado.

 

Para demostrar que era apóstol, Pablo tuvo que probar Que había sido llamado por Cristo mismo; Que no había recibido el Evangelio de los hombres, sino por revelación de Jesucristo; Que había visto a Cristo resucitado; Que era inspirado a infalible como maestro y, por consiguiente, exigía que se recibiese su enseñanza como doctrina de Cristo mismo; Que el Señor había garantizado su misión apostólica, tan plena y completamente como la de Pedro o cualquier otro apóstol y que su ministerio iba acompañado, y corroborado, por medio de milagros.

 

Al defender su apostolado, Pablo nos dejó la más amplia y completa descripción de los requisitos que debía tener todo apóstol de Jesucristo. La dignidad de la misión apostólica es tal que el autor de la carta a los Hebreos no vacila en compararla al testimonio de los ángeles en el Antiguo Testamento. Hb 2: 1 al 4

 

PROFETAS
Como anotamos con anterioridad, no se hablan aquí de los profetas del Antiguo Testamento, sino del Nuevo. Estos profetas hablaron en algunas ocasiones por revelación directa de Dios como en Hch 11: 21- 28 y a veces sólo hacían una exposición aplicativa de revelación ya dada (cómo está implícito en Hch 13: 1 donde se presenta en correlación con los maestros). Siempre hablaban en nombre de Dios pero no siempre daban un nuevo mensaje revelado de parte de Dios. Los profetas secundaban a los apóstoles y su mensaje debía ser juzgado conforme a la doctrina de los apóstoles (1 Cor 14: 37). Su autoridad se derivaba de Dios y de la precisión de su mensaje con el del apostólico.

 

Miremos además otro dato interesante. En 1 Cor 12: 28 el orden establecido por el apóstol: “a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, después los que sanan…”. La relación de principal o lugar de importancia queda subordinado a los tres primeros dones, ya que el apóstol no nombra un cuarto lugar, sino “después” los demás. En el original es claro el orden y luego de (proton) apóstoles, (deuteron) profetas y (triton) maestros dice (epeita) los que sanan etc.…lo cual es genérico. Todo esto para señalar que el ministerio de los apóstoles fue establecido primero y después de ellos los profetas, como inseparables pero en segundo orden después de los apóstoles.

 

Como se trata aquí de los profetas de Nuevo Testamento, como lo indican los hechos que están incluidos en la lista después de los apóstoles y que son parte de la iglesia del Cristo ascendido. “Su función especial y única fue hablar con autoridad las palabras de Dios para la iglesia todo el tiempo, antes que quedará completo el canon del Nuevo Testamento. El hecho que sean identificados con el fundamento, revela que están limitados a ese período formativo en la historia de la iglesia. Como lo muestra el 4:11, ellos completaron su trabajo y se dieron paso a los evangelistas”.

 

Los profetas eran maestros itinerantes quienes, bajó divina inspiración, instruían a la iglesia en la doctrina cristiana e incluso de vez en cuando predecían eventos futuros. Los profetas también eran designados por Dios como hombres con dones especiales. No todos los creyentes podían ser llamados profetas. Parece que la posición de profetas estaba destinada en forma exclusiva al trabajo dentro de una congregación local, mientras que la del apostolado era un ministerio mucho más amplio y no se confinaba un área en particular como lo implica la palabra apóstol (Enviado a una misión). Por ejemplo, como entienden algunos, Pablo se pone dentro del grupo de profetas cuando ministraba a escala local en la iglesia de Antioquia, Hch 13: 1, pero el resto de tiempo siempre llamado un apóstol.

 

Relación del Creyente con el Fundamento Apostólico y Profético
La inclusión de estos dones a la iglesia tiene un vasto significado para el cuerpo de Cristo. Vemos las responsabilidades y el objetivo de ese plan en el libro de Efesios. Hablando del equipamiento y las responsabilidades de los dones fundacionales dados a la Iglesia (Apóstoles y profetas), concluimos como dice Mac Arthur, que les fueron asignados tres responsabilidades básicas: Colocar los cimientos de la iglesia (Ef 2: 20); Recibir y declarar la revelación de la palabra de Dios (Hch 11: 28; 21: 10 y 11; Ef 3: 5); Dar confirmación de esas palabras mediante señales, prodigios y milagros (2 Cor 12: 12; Hch 8: 6 y 7, Hb 2: 3 y 4).

 

Así, el plan de Dios trazado en el libro de Efesios para su Iglesia, dotando de estos dones extraordinarios a su Cuerpo fue: El de recibir este misterio (3: 5); Darlo a conocer (3: 8 y 9); Establecer ese fundamento (2: 20); Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y la edificación del cuerpo de Cristo (3: 17 y 18; 4: 12); Conducir a la Iglesia a la unidad de la fe (4: 13); Conducir a la iglesia al conocimiento del hijo de Dios a la estatura de la plenitud de Cristo (4: 13); Proteger a la iglesia de la inmadurez espiritual y de las herejías (4: 14); Promover su crecimiento o edificación en Cristo, en amor, mediante la actividad propia de cada miembro (4: 15 y 16).

 

¿Apóstoles y profetas hoy?
Teniendo en cuenta la argumentación anteriormente planteada, en el sentido estricto de la palabra apóstol y profetas, como se ha utilizado en el Nuevo Testamento, no es posible que personas hoy ostenten esos ministerios. La Iglesia se edifica hoy de esos dones, en la medida que se basa y bebe toda su esencia del Nuevo Testamento. La Iglesia hoy basa sus enseñanzas en el contenido Bíblico a partir de Cristo. Es decir, que la Iglesia se edifica con todo el contenido Bíblico, del Antiguo Testamento visto a través del acontecimiento de Cristo. No solo vemos el Antiguo Testamento aislado, sino bajo la interpretación que el Nuevo Testamento provee, debido al fundamento apostólico y profético.

 

José María Martínez dice: “como dones extraordinarios figuran en primer lugar los apóstoles y profetas, cuyas enseñanzas fueron guiadas por el Espíritu Santo mediante <revelación>, de modo que constituyeran el fundamento de la iglesia. El especial ministerio de los profetas es comprensible si tenemos en cuenta la amplísima difusión del evangelio, la multiplicación de iglesias locales y lo limitado del número de los apóstoles. Todo da entender que los profetas fueron usados por el Espíritu Santo para completar la obra apostólica de cimentar la iglesia con la palabra de Dios. Pero una vez el testimonio y la instrucción de los apóstoles quedaron salvaguardados en los escritos del Nuevo Testamento, ceso la necesidad de revelaciones. Los apóstoles fueron únicos en su forma de ministerio; no tuvieron sucesores que gozarán de las mismas prerrogativas. Y probablemente lo mismo puede decirse de los profetas, generalmente emparejados con los apóstoles en las cartas de Pablo”.

 

También Mac Arthur hablando de los apóstoles añade: “No es posible, como algunos alegan, que existan apóstoles en la iglesia hoy día. Algunos han observado que los apóstoles fueron como delegados que asistieron a una convención constitucional. Al terminar la convención, el cargo posición cesa. Al ser completado el Nuevo Testamento, el oficio del apóstol dejó de existir como tal”. Y hablando de los profetas dice: “Al igual que los apóstoles, su oficio llegó un cese definitivo al quedar completo del Nuevo Testamento, así como los profetas del Antiguo Testamento llegaron a su culminación de ese testimonio unos 400 años antes de Cristo. Tanto los apóstoles como los profetas han salido de escena, pero el fundamento que asentaron es el mismo sobre el que se ha constituido toda la iglesia de Cristo”.

 

Samuel Pérez Millos afirma en su exégesis a los Efesios que: “los apóstoles tuvieron un ministerio singular, único e irrepetible en la fundación de la iglesia y en la Escritura de la doctrina fundamental. El don del apóstol no es dado hoy, por tanto, la iglesia no puede recibir ahora apóstoles. No los necesita, puesto que todo el contenido de su enseñanza y revelaciones escatológicas está en el Nuevo Testamento”. Y de los profetas también dice: “Los profetas fueron creyentes que recibieron revelaciones directas del Señor para los momentos de la fundación de la iglesia 1 Cor 12: 28. Estas revelaciones fueron precisas cuando no estaba cerrado el canon del Nuevo Testamento. El don de profecía no está vigente hoy, por tanto la iglesia no puede esperar nuevos profetas para el tiempo presente. No pueden entenderse los profetas como genéricamente hacen algunos, aplicando el término a los que ministran la palabra. No debe utilizarse el término para hacer una aplicación al momento presente, para ello hay otras palabras concretas tales como evangelista, pastor o maestro. El don de profecía no está vigente, por tanto no debe llamarse por tal término a un ministerio que no está respaldado como ejercicio de un don”.

 

Concluimos así, que los dones de fundación de la Iglesia son irrepetibles, de tal forma que hoy no podemos esperar en ningún sentido sucesores proféticos o apostólicos. Pero a esto se añade otro argumento complejo. Los dones de fundación de la Iglesia, venían acompañados de carismas especiales, que respaldaban su ministerio. Recordemos que un requisito de esos dones era el de corroborar su mensaje con prodigios y señales. Por lo tanto, las listas de dones, dadas en los libros de Corintios y Romanos, deben seguramente ser revisadas para mirar su pertinencia hoy. Sin duda, con la cesación de apóstoles y profetas, después de cerrado el canon del Nuevo Testamento, también encontramos dones que dejaron su operación como tal, por estar ligados inseparablemente con el ministerio apostólico y profético. Estamos hablando de dones, no operativos actualmente, los cuales la Iglesia no debe buscar ni procurar ya que el propósito por el cual fueron dados, fue cumplido a cabalidad y era el de establecer el infalible fundamento apostólico. Cumplido este propósito, estos dones no tienen operación vigente. Somos pues edificados sobre su fundamento y así ha sido desde hace casi dos mil años.