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VALORES MUNDANOS INFILTRADOS EN LA IGLESIA

VALORES MUNDANOS INFILTRADOS EN LA IGLESIA
Por: Jorge Castañeda

Iglesia ZanzibarIntroducción

Quizás hablar de corrientes de pensamiento no sea tarea fácil, pues suele ocurrir que, si hay algo que no discernimos con facilidad, es justamente lo que tenemos al frente de nuestro rostro. El pensamiento de una sociedad es el ambiente en el que nos movemos, es como el oxígeno, sabes que está allí, pero no siempre eres consciente de él. Así, hablar de una época moderna y luego de una posmoderna, quizás ni siquiera tengamos la capacidad de definirlo satisfactoriamente, pero está allí. Hablamos de ideas, filosofías, maneras de ver la vida que fueron surgiendo de ideas y filosofías previas, que van dando un marco específico, que van amoldando el pensamiento y el sentir de una generación. Quizás haya cierta libertad dentro de ese marco hacia adentro, pero es finalmente una corriente que va llevando a una sociedad a un fin específico.

La Palabra de Dios en Rom.12:2, nos exhorta así: ‘No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta’.  Es decir, que, si este texto lo leyera la iglesia en cada generación, debería entenderse como una exhortación a no dejarse amoldar al pensamiento de la época, a no dejarse llevar de forma consciente o implícita, ni tampoco ingenua o automática, por las filosofías que reinan en cada época, en su momento, lo que la Biblia llama en algunos contextos, el mundo o siglo. Este texto presupone que los cristianos estamos en la capacidad, por el Espíritu de Dios, de discernir el siglo en que vivimos y además que podemos ser capacitados para resistirlo y romper, al menos en nuestras vidas, el molde sugerido. Los creyentes debemos pisar esta tierra con conciencia, como el soldado que camina en terreno enemigo y no como el turista desprevenido en un sitio de recreo. De hecho, una de las realidades más lamentables es descubrir que muchos cristianos ahora andan en la corriente del mundo, sin darse la más mínima cuenta y pensando que son otros los que andan según el mundo. Pero nadie escapa de ese peligro, por lo que haríamos bien en discernir estos tiempos a la luz de las sagradas Escrituras.

 

¿Qué es el posmodernismo?
Es un nombre por el que se ha catalogado esta época actual. Se supone que venimos en una evolución del pensamiento que después de la época medieval, concibió una época de iluminación lo que nos concedió podernos llamar con el tiempo, modernos. Época caracterizada por el avance científico y la industrialización. Ahora vamos en ese periodo transicional de abandonar las estructuras del modernismo por lo que se puede llamar a esta época posmodernismo. El posmodernismo corresponde al nuevo ambiente en el que vivimos, a las estructuras dominantes de esta generación.

No es nuestro propósito abordar todo lo que puede llegar a ser el posmodernismo, pero si usted ha logrado captar que vivimos, podrá advertir que esta época está caracterizada por serias contradicciones, los valores drásticamente subjetivos, por el relativismo moral, pero por el autoritarismo de una nueva moral, por un creciente desafío a la autoridad, pero por las tendencias autoritarias, por un agnosticismo o por el escepticismo, pero por la credulidad asombrosa de las masas, por un romper con la historia aunque amante de lo ancestral, por el fraccionamiento social y de pensamiento, contrario a la búsqueda de un principio unificador que lo explique todo, como quizá era la procura del modernismo. Alguno preguntará ¿Cómo es que esta época puede estar caracterizada por estos asuntos tan opuestos a la vez? Y la respuesta es que la época posmoderna es la época de las contradicciones aceptadas, por la lógica de lo ilógico, por el ambiente de las no reglas objetivas, así, la contradicción no es mal vista. “Los dogmas posmodernos dicen que no importa la consistencia ni la coherencia” (Doner.Pág.79)

Pero no se confunda, al final, la filosofía que el hombre es la medida de todas las cosas, está tan viva como en la antigüedad, No importa el ropaje, no importan los nombres, no importa aún los diferentes movimientos, filosofías o pensamientos, en el centro de todas ellas, está que el hombre es la medida de todas las cosas en lugar de tener a Dios como el centro de todo y su Palabra como la medida de todas las cosas. De eso se trató la época medieval, de eso se trató el modernismo y de eso se trata el posmodernismo. Porque, ‘habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén’ (Rom.1:21-25).

Es necesario que la iglesia obedezca la exhortación paulina de no transigir con el mundo, de no amoldarse. Muchos en la iglesia han querido contextualizar el evangelio, aterrizarlo a la cultura actual y ¿Con qué nos hemos quedado? Con un cristianismo posmoderno, con varias versiones de evangelio, donde al parecer todos tenemos la razón, pero a la vez nadie la tiene, donde debemos prestar más atención al construir y dialogar que a discernir y enseñar. Son otras épocas hermanos, y la iglesia debe saber cómo responder. Permítame en esta conferencia tocar tres asuntos que son prominentes en el pensamiento posmoderno y que se han infiltrado directamente a la iglesia del Señor de manera que hacen parte de la forma como se ve hoy el cristianismo en muchos lugares. No son los únicos asuntos que se han mezclado con el cristianismo, pero seguramente son suficientes para despertar más y más nuestro discernimiento y huir de amoldarnos a este mundo. Hablaremos de una forma de relativismo infiltrada en la iglesia, de un marcado subjetivismo y del pragmatismo religioso.

a. Una Forma de Relativismo


Relativismo- ¿Qué es relativismo?
Con respecto al tema que estamos tratando, el relativismo es la negación de la existencia o pertinencia de valores absolutos, es decir, que no existen verdades o valores vinculantes para toda la humanidad ni pertinentes para toda época. Esto, por supuesto, contradice la idea de valores absolutos y objetivos que se mantienen independientemente de las personas o los conceptos que ellas puedan tener y que no están sujetos a asuntos circunstanciales. Por supuesto que el relativismo indica que los valores o las verdades son circunstanciales y dependientes. Así, lo que para una persona, grupo o época fue una verdad o correspondió a un valor moral, para otras personas puede llegar a ser diferente y hasta contrario. Así, no hay una verdad o un valor que pueda reclamar ser absoluto, sino que las cosas son verdad depende la persona, el grupo, la época o circunstancia, etc.

Si meditas bien, podrás ver que “el hombre es la medida de todas las cosas”, porque ¿Quién determina lo que es o no verdad, lo que es o no vinculante? El hombre mismo, su propio criterio, pensamiento o razón. Esto lleva, no solo a una desintegración y negación de la verdad, sino que pone los valores como relativos, dependientes del contexto, lo que ha desembocado en una ética situacional, es decir, una manera de proceder basada, no en valores, sino en la situación que se presente. La verdad no gobierna, las circunstancias cambiantes lo hacen, el pensamiento cambiante del hombre lo hace. Pero sin querer confundir, solo permítame decir que el relativista lo es hasta que afirma sus postulados como valores verdaderos. Es decir, ¿No se contradice el relativista al decir que no hay verdades absolutas, enseñándonos como verdad esa premisa? Estamos en el mundo de Dios y el relativismo consecuente no existe, no puede caber, cada intento por relativizar algo se convierte en una procura de dogmatizar algo.

 

- ¿Cómo se ha infiltrado en la iglesia?
Aunque todos los cristianos de forma general, decimos tener como fundamento la Palabra de Dios, en verdad lo que tenemos hoy es que las opiniones de la Palabra de Dios prevalecen por sobre la Palabra de Dios. “Yo creo que” ha venido a sustituir “La Palabra de Dios enseña que”. El relativismo en la iglesia propone que la opinión sobre algo prevalece sobre la doctrina sobre algo. Por supuesto que logramos discernir que existe una gran diferencia entre una doctrina y una opinión. No en teoría, pero en la práctica, muchas iglesias siguen lo que cada situación les sugiere hacer, lo que su propia congregación los lleva a hacer, lo que su propia idiosincrasia les propone hacer. Muchas iglesias creen lo que su propio concepto de algo, los lleva a entender, lo que su propia cultura los lleva a dimensionar.

Los valores posmodernos en la iglesia han hecho que prevalezca y se vea mejor y, más aun, se perciba más cristiano y amoroso, poner las cosas en opiniones, puntos de vista, sin sugerir que alguien pueda tener la verdad sobre algo, mucho menos enseñar con dogmatismo un asunto. Esto se vería como pedantería evangélica o como orgullo denominacional. Cualquier sugerencia a tener la verdad sobre alguna doctrina revelada en la Palabra de Dios, y mucho más, cualquier intento de enseñarla o contrastarla con otras enseñanzas, es visto como un atentado a la paz entre el cuerpo de Cristo.

La trampa del relativismo en las iglesias se ha escondido bajo la frase: “Nadie tiene la verdad absoluta”. Y aquí debemos hacer una distinción pertinente. No hablamos de la verdad en el sentido más amplio de su significado, hablamos de la verdad que nos ha sido revelada, de la Palabra de Dios. Y en esto sí debemos preguntarnos ¿Hay verdades absolutas? O ¿Todo es relativo o circunstancial? ¿Existen en la Palabra de Dios valores absolutos? ¿Existen asuntos que estén bien hechos o mal hechos o existen igualmente varias maneras validas de hacer algo? ¿Quiénes determinan la verdad de algo? ¿Las iglesias, los líderes, la Palabra de Dios? No podemos esquivar el tema tan fácilmente encogiéndonos de hombros y afirmando que la Palabra de Dios no ofrece absolutos. ¿Existe una norma absoluta de lo que es verdadera adoración? ¿Es o no suficiente la Palabra de Dios? ¿Dios es o no soberano? ¿Lo que la Biblia dice que es pecado, lo es siempre?

 

- ¿A qué nos puede conducir?
Dicha negación en la práctica y cada vez más en teoría, lleva a la iglesia a lo que llamaremos: Agnosticismo Bíblico. El agnosticismo afirma que, si la verdad existe, no la podemos conocer, que, si tal o cual cosa es verdad, quién sabe (Martson).  A lo mucho podemos solo tener opiniones de ella. ¡Qué contradictorio para el evangelio y para la Palabra de Dios, la cual es llamada la Verdad! (Jn.17:17). ¡Qué diferente suena al tono de la Palabra de Dios que reclama ser verdad para todos los hombres, que señala un solo camino de salvación, un solo fundamento de santificación, unas normas que no dependen de los hombres ni de su entendimiento ni de su cultura! La iglesia que alaba y admira a los padres de la iglesia que dieron su vida por sostener verdades absolutas, a los mártires de la reforma, es la misma que dice que no podemos llegar a un conocimiento certero en nuestras doctrinas, que solo en el cielo podremos saberlo. La misma iglesia que admira la valentía de los hombres de la reforma, se toma de las manos para trabajar calificando la verdad en niveles de vinculación, es decir, tal cosa es vinculante, tal otra menos vinculante. En eso debes creer a pie junto, en esto, cualquier cosa que creas, está bien.

Si solo podemos tener opiniones de la verdad y todas ellas respetables, nadie puede tener el conocimiento de la verdad. Es una manera de desfragmentar la verdad o hacerla incipiente, de destinarla a la irrelevancia. Por un anhelo de ser más, de presentarnos como un frente común, con el fin de abarcar más, se han venido diluyendo en las mentes evangélicas la existencia de verdades absolutas que son independientes de las personas, épocas, culturas y denominaciones. Si bien, nuestro conocimiento de Dios no es exhaustivo, sí es cierto.

Si bien no podremos llegar a todas las implicaciones, sí podemos llegar al conocimiento de la verdad o de lo contrario ciertos textos bíblicos serían una burla o una vil mentira. ‘y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’ (Jn.8:32), ¡Oh, vamos! ¿Cuál verdad? “Solo podemos llegar a opiniones, puntos de vista y las demás cosas las entenderemos en el cielo”. ‘me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos’ (Jud.1:3b) ¿Qué fe? “Solo podemos llegar a aproximarnos”. ¿Contender por la fe, por cosas de segundo y tercer nivel? ¿No es eso muy flato de amor y divisivo? ‘Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema’ (Gal.1:8) ¿Cómo distinguir ese otro evangelio o reconocerlo si ni siquiera tenemos la certeza de tener uno verdadero, si solo podemos tener opiniones más o menos cercanas? Al menos en 4 textos (1 Tim.2:4; 2 Tim.3:7; Tito 1:11; Hb.10:26), en nuestro español, tenemos la frase ‘conocimiento de la verdad’ como algo a lo cual se puede llegar y se sanciona el no hacerlo como en 2 Tim.3:7 hablando de las mujercillas cargadas de pecados por sus pasiones: ‘Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad’.

 

b. Un Marcado Subjetivismo  


Why I created a Vision Statement for my Child with Special Needs- ¿A qué hacemos referencia?
Puede llegar a ser una posición filosófica, pero más que todo es una posición existencial de que todo el conocimiento y la verdad son subjetivas, es decir, que la verdad o el conocimiento están determinadas por la interpretación y experiencia individual. Por lo tanto, todo lo que es verdadero, correcto, moral, está determinado y sujeto a la experiencia de las personas. En nuestro caso particular, el subjetivismo señala hacia la legitimidad de creencias que se han fundamentado en experiencias personales por sobre las objetivas (Biblia). Casi que, como consecuencia de relativismo, se arroja a los individuos a que la única verdad que existe es su propia verdad, a eso se le llama subjetivismo. El subjetivismo hace verdadero, todo lo que es producto de su experiencia. El “yo experimenté, por lo tanto, es verdad”, “A mí me pasó, por lo tanto, es verdad”, viene a sustituir “La Palabra de Dios enseña que, por lo tanto, es verdad”.

El subjetivismo se niega a creer en verdades objetivas y hace de su propia realidad, la realidad. Déjeme ilústralo. El clima es una realidad objetiva, hoy estamos a 20°, 22° o 24°. Podemos estar o no de acuerdo, podemos tener varias impresiones del clima o sensaciones térmicas. Podemos estar alegres o tristes, puede que el clima nos sea conveniente o perjudicial, pero allí está el clima como realidad objetiva con los grados en los que hoy estemos. Que usted tenga o no calor, que usted tenga o no frío eso es subjetivo. Usted puede estar bajo altas temperaturas sintiendo frío, eso no comprueba que está haciendo frío eso comprueba que usted tiene frío y que está enfermo. El termómetro nos dice lo objetivo, nos declara lo que ocurre fuera de nosotros, sin ninguna interpretación o manipulación. La sensación particular, individual, personal, eso es subjetivo.

En el ámbito moral y espiritual, en el ámbito de la verdad de la Palabra de Dios, las preguntas que deberíamos hacernos son: ¿Hay verdades objetivas? O ¿Estamos obligados a cada uno tener y vivir en nuestra propia realidad? ¿Hay doctrinas objetivas o debemos vivir de acuerdo a las experiencias? Si una persona peca y no le pasa nada, ¿Concluiremos que lo que hizo no fue tan malo? Si una persona por decir la verdad es maltratada ¿Concluiremos, basados en esta experiencia, que decir la verdad es malo? ¿Si tengo la experiencia que se me aparezca un ángel del cielo dándome un evangelio diferente, lo aceptaré?

 

- ¿De qué manera lo vemos en la iglesia?
Mucho de lo que hoy es el cristianismo evangélico ha sido altamente contaminado por esta filosofía posmodernna. Gran parte de evangélicos andan bajo la idea que “Mis experiencias determinan mi creencia (fe)”. Muchas personas fundamentan la legitimidad de su regeneración, en una experiencia de carácter místico que alguna vez tuvieron. Otras personas fundamentan la legitimidad o validez de sus llamados ministeriales por experiencias subjetivas, personales. Otras personas no se han hecho la reflexión bíblica de qué cosas son o no verdaderas porque tiene una experiencia que ha venido a ser el fundamento de su fe. En estos casos, dicha fe o llamamiento o decisiones sobre el elemento del subjetivismo, tendrían a la verdad el mismo valor y validez que otras, aun si son contrarias.

“Pedro Subjetivo” está en el cristianismo por una experiencia que tuvo. Escuchó una voz, sintió un calor, o tuvo una experiencia no corroborable por los parámetros objetivos ni absolutos de la Biblia. Aun así, Pedro Subjetivo tuvo esa experiencia y eso es lo que va a creer. Pedro Subjetivo va a contraponer su experiencia aun a la Palabra de Dios, pues por más que le enseñen lo que la Palabra de Dios afirma y enseña, por más que le deseen llevar a las Escrituras, Pedro Subjetivo ya ha decidió creer según su experiencia no comprobable por la Escritura. Pedro Subjetivo, ha ido un paso más allá en su manera de vivir, ahora legitima todo al nivel de sus emociones o sentimientos. Tanto como se sienta bien, se sienta en paz, sienta gozo o satisfacción, eso le ofrece ese estatus de validez para lo que hace o piensa o afronta, lo cual nadie puede evaluar. Pero puede ser que Pedro Subjetivo vaya a la Biblia y la interprete de tal manera que solo considere verdad lo que coincida con sus experiencias. Pedro Subjetivo solo es un botón de muestra de cómo las experiencias personales han venido a sustituir la verdad de la Palabra de Dios. En muchos lugares, las experiencias se constituyen la norma de lo que es la vida cristiana. Las experiencias no se evalúan, casi que se asumen o se dan por sentado como verdades objetivas. ¡Cuántas desviaciones ha traído a la iglesia el subjetivismo!

Pero ¿Sobre qué debe estar fundada nuestra fe, es decir, nuestras creencias? ¿Cuál es la base que determina qué asunto es o no verdadero, bueno, loable o legitimo? La Palabra de Dios bien interpretada, por supuesto. Si caemos en la trampa del subjetivismo, entonces por implicación, tenemos que aceptar que existen tantas verdades como personas y experiencias. Y ¿Qué si mi experiencia contradice la suya? ¿Cuál de las dos es correcta, cuál es la verdad?
La Palabra de Dios corresponde a ese cuerpo de verdad objetiva sobre la cual, experiencias, circunstancias, ideas, etc., deben subordinarse y calificarse como verdaderas o no. Piensa en la expresión paulina en Gál.1:8: ‘Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema’. Mira el cuadro hipotético que señala el apóstol. Es un cuadro hiperbólico, por supuesto. Aun si alguno tuviese esa experiencia trascendental de escuchar predicar un ángel, pero este mensaje no corresponde al evangelio que ya había sido anunciado, la experiencia no sería una bendición sino un engaño directo. Esto presupone que hay una piedra de toque que comprueba, que corrobora la validez o no de cualquier experiencia que se haya tenido o se haya creído tener, la Palabra de Dios ya dada. Toda experiencia personal, debe ser evaluada, calificada, interpretada y subordinada a la Palabra de Dios, infalible e inerrante.

¿Cuántos liderazgos se han levantado basados en una experiencia mística no comprobable por la Escritura? ¿Cuántos programas y ministerios se sostienen por el subjetivismo ya sea de los líderes o de los liderados? ¿Qué tantas doctrinas que se creen hoy en las iglesias han tenido un fundamento subjetivo no Escritural? ¿Cuántas doctrinas se han definido y asentado más bien por experiencias que por un juicioso análisis de las Escrituras?

 

- ¿Cuál es el peligro?
Por obvia necesidad y consecuencia lógica, el peligro del subjetivismo es el reinado del Antropocentrismo. Cuando la verdad de la Palabra de Dios se corre del centro o fundamento ¿Sobre qué construimos? Sobre el fundamento de la mera opinión humana o de las meras experiencias humanas. Otra vez el monstruo de los valores posmodernos aquí: “El hombre es la medida de todas las cosas”. El humanismo que se vive en muchos lugares que deberían estar predicando el Evangelio Bíblico, es espantoso. Sus doctrinas normales son una mezcla de experiencias personales de los lideres, combinada con algo de Biblia y adornada con las propias experiencias personales. La Biblia allí está subordinada, es esclavizada a cualquier tipo de interpretación que se crea que aplica más al caso. En última instancia, las iglesias que se han rendido ante el subjetivismo, también lo han hecho al humanismo y han renunciado en verdad a tener la Palabra de Dios como el fundamento, así su iglesia se confiese como bíblica.

1 Cor.4:6: ‘Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que, por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros’. Estamos en el contexto de las exhortaciones del apóstol inspirado a la iglesia de corinto, que en su debilidad se había dividido por el nombre de sus líderes. Esta exhortación les fue dada para que su vida espiritual no estuviese asentada en la sabiduría de los hombres ni en las personalidades de sus líderes, por muy capaces que ellos fueran, por muy prominentes o influyentes que fueran. La fe de los creyentes no debe asentarse en la sabiduría humana, ni en las figuras o experiencias de sus líderes. “Que nadie ande proclamando quien es su líder preferido, sea Pablo o Apolos. Que más bien cada creyente aprenda de ellos lo que las Escritura les enseña. De sus líderes deben aprender a obedecer las enseñanzas de la Palabra” (Hendriksen). ¿Quién más que Pablo había recibido experiencias que podría establecer como fundamento de la doctrina o practica de los creyentes? Y ¿Qué dice de sí mismo? Que cuando le vean, aprovechen lo que enseña de las Escrituras y que nadie pase este límite.

 

c. Pragmatismo religioso


pragmatismo- ¿Qué es el pragmatismo religioso?
Otra vez, no queremos hacer referencia al significado más amplio de lo que es el pragmatismo, sino al que se ha infiltrado en la iglesia. Hablamos de fundamentar un asunto o darle el estatus de legítimo, por el resultado que produce, independientemente si los medios por los que se persigue tal o cual asunto, son bíblicos. El pragmático está afanado por los resultados, no por la fidelidad bíblica. Así, califica lo bueno o lo malo, lo eficaz o no, el éxito o el fracaso, de acuerdo a los resultados últimos. La pregunta del pragmático es ¿Qué me traerá determinados resultados o mejores resultados? ¿Qué será conveniente hacer en este contexto o qué será más sabio creer bajo esta circunstancia? ¿Qué servirá en este contexto? ¿Qué se adaptará mejor a esta circunstancia? ¿Cómo esquivamos los inconvenientes que nos puede traer hacer o no esto?

Las preguntas que no se hará quien esté bajo la influencia del pragmatismo es ¿Qué enseña la Palabra de Dios en este asunto? ¿De qué manera nos podemos apegar a las Escrituras en esta circunstancia específica? ¿Qué principio de la Palabra de Dios regirá en este contexto? ¿Cómo ser fieles a la Palabra de Dios independientemente los problemas que al ser fiel vaya a traer sobre mí? ¿Puedo juzgar el éxito o la eficacia de algo basado en los resultados o evaluaré su legitimidad según lo que diga la Palabra de Dios?

Así, fruto del pragmatismo, muchos han involucrado en la iglesia ideas y practicas ajenas a la Palabra de Dios o sin un verdadero estudio de las Escrituras, solo porque funciona en atraer el resultado que ellos desean como más personas, o en brindarles a los creyentes verdaderas experiencias, solo porque según su visión, se cumplen mejor los objetivos o las causas divinas. Quizás ellos son conscientes que aplicar la Palabra de Dios en esos asuntos, sea impopular, algo drástico, nada llamativo, por lo que es mejor dejar quieta la procura de conseguir algo correcto, pero se dan a la atarea de modificar el procedimiento, por uno inventado por ellos mismos.

 

- ¿Cómo se evidencia el pragmatismo religioso en la iglesia?
El pragmatismo en la iglesia se manifiesta en dos asuntos muy sensibles. En la adaptación de valores o estándares mundanos y en los métodos usados para lograr las cosas. Hablemos de lo primero. Hoy la iglesia ha adoptado estándares mundanos que se sitúan como objetivos o metas a las que la iglesia debe llegar. Éxito, influencia, alcance, multitudes, preeminencia, sensaciones, han venido a ponerse como las metas de las iglesias en la actualidad. Esto va más allá, se califican ministerios e iglesias por estos mismos estándares, la mejor iglesia o el mejor ministerio es aquel que tiene éxito, influencia, alcance, multitudes, preeminencia, el que ofrece ciertas sensaciones, etc. Preguntamos: ¿De dónde la iglesia sacó estas metas, estos estándares hacia los cuales apunta? ¿Son estos valores los que deben acompañar el desarrollo de la iglesia, son asuntos que Dios planeó para nosotros, son asuntos que la Palabra de Dios señala que busquemos? No, de ninguna manera, son valores y estándares humanistas.

Hablemos de lo segundo. El pragmatismo no solo se evidencia en la adaptación de valores o estándares mundanos sino en la implementación de procedimientos o métodos no enseñados por las Escrituras, para conseguir un resultado. Aquí el asunto es más sensible, porque en algunas ocasiones, puede que lo que se quiera sea legítimo, aun así, es un error al procurar alcanzar dicho objetivo por métodos humanistas, por procedimientos que la Biblia no enseña con claridad. Si este es el caso de semejante reproche cuando se persiguen cosas legítimas y ordenadas por Dios, la tragedia es mayor cuando ni siquiera lo que se punta es bíblico.

Pueda ser que, para otras épocas de la iglesia, traer ejemplos hubiese sido tarea más difícil, pero hoy no. El pragmatismo se evidencia en que ya la iglesia apunta a estándares mundanos, bajo motivaciones mundanas y se da a procedimientos mundanos para conseguir fruto espiritual. La iglesia quiere ser “exitosa”, entonces persigue ser influyente con las herramientas que le ofrece una cultura caída, sea cierta adoración, ciertos programas, cierta estructura. Casi que pueden ser reprendidos por las palabras del profeta: ‘¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?’ (Is.1:12). ¿Quién afirmó que la iglesia debería buscar el éxito? Segundo ¿Quién define para nosotros éxito? Tercero ¿Quién mandó hacer rodar tal o cual procedimiento para alcanzar esto? Como ve, de principio a fin el pragmatismo está lleno de vicios pecaminosos. ¿Qué atrae a la gente? ¿Qué la mantiene alegre en las bancas de una iglesia? ¿Qué les da un sentido de satisfacción permanente? Así se parte del contexto, así se parte del hombre porque “El hombre es la medida de todas las cosas” y se relega la palabra de Dios a un segundo plano, así se proclame que todo es para la gloria de Dios.

En días como los presentes, ya se empezó a ver que el cristianismo pragmático empezó a adoptar, solo por estrategia, cierto tipo de predicación y estructura, porque ¡Es lo que hoy da resultado! Ahora se recomienda como la formula moderna que llena las iglesias y mantiene interesadas a las personas, la predicación expositiva, “eso es lo que está dando ahora”. No hablo de la predicación expositiva, hablo del acercamiento pragmático a la reforma, a la predicación expositiva, a los puritanos, a Spurgeon, pues eso es lo que está interesando y qué buenas formas de ganar reputación, alcanzar el éxito, llenar la iglesia, ser influyentes.

Recordemos Jeremías 44:16-18 ¿Sobre qué fundamento levantaron su creencia y práctica? Sobre lo que les funcionó, independientemente o que la Palabra de Dios enseñaba. Mientras se dieron a la idolatría, nada les faltó, mientras sirvieron a deidades paganas, les fue bien, pero cuando se volvieron a Dios, vieron el mal. ¿Cómo razonaron? Todo lo que nos funciona, todo lo que nos da felicidad, todo lo que promueve nuestra prosperidad, eso es lo correcto, independientemente lo que la Palara de Dios afirme. Mire los resultados y concluya qué es lo bueno, lo que hay que hacer, lo que ay que creer. Mire con los estándares mundanos si ese resultado se consigue y habrá que hacer lo que nos lleve a esto, si la Biblia coincide, perfecto, si no, la haremos coincidir, pero haremos lo que nos lleve a conseguir ciertos fines.

 

- ¿Por qué es un peligro?
Si hay una vía directa hacia la mundanalidad, es el pragmatismo. El pragmatismo ya es mundano y no solo atrae valores mundanos a la iglesia, lleva la iglesia y la diluye en la cultura. Piensa si después de tanta contextualización, conciertos, música pop, teatro, lúdica, cámaras, luces y humo, tenemos una iglesia más pura, santa y poderosa. Tenemos lo que queremos, éxito, grandes personalidades, multitudes, pero no más santidad, abnegación, evangelio ni evangelismo. No solo el mundo ha carcomido las estructuras eclesiales, el mundo atrajo hacia sí la iglesia y la está diluyendo en su propio ácido cultural. Aceptémoslo, la filosofía pragmática ha traído más mundo a la iglesia que lo que ha llevado el evangelio al mundo. Usted puede pensar que es lo contrario, pero no vemos un mundo más piadoso, pero sí una iglesia más pop.

¿Qué hizo que el apóstol Pablo en medio del templo de la sabiduría del mundo, haya abandonado todo intento de vindicar el evangelio desde la filosofía humanista? ¿Qué hizo que hubiese preferido velar su conocimiento de muchas cosas para predicar la cruz de Cristo? ¿Por qué se negaría a llevar a la gente tras su reputación y personalidad y sus experiencias místicas? Lo hizo por su excesiva confianza en el Evangelio de Cristo, el cual es poder de Dios. Miras sus expresiones:

1 Cor.2:1-5: ‘Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios’.

1 Cor.1:17: ‘Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo’.

2 Cor.12:9 ‘Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo’.

Fil.3:7-8: ‘Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo’.

1 Cor.1:21-31: ‘Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor’.