Powered by OrdaSoft!

Iglesia Bautista Reformada de Suba

Anunciando el Evangelio de Cristo

Header 1

REUNIONES

DOMINGOS

  • Instrucción Bíblica - 9:45 am.
  • Culto de Adoración - 11:00 am.
  • Culto Vespertino - 5:00 pm

JUEVES

  • Culto de Oración - 7:00 pm.

REFLEXIONES

RECIBA NUESTRAS NOTICIAS

Noticias

BLOG

Blog

VIDEOS

Play

INICIO

UNA IGLESIA CONFESIONAL

UNA IGLESIA CONFESIONAL
Por: Jorge Castañeda

confesion bautistaIntroducción
No es muy común hablar hoy en la iglesia evangélica de Credos, Símbolos o Confesiones de fe. Estas palabras más bien parecen sacadas de los anaqueles del catolicismo romano y son asociadas extrañamente con dogmatismo ciego más que con luz doctrinal. Somos parte de una generación, hija de nuestro tiempo, que ha sabido vivir su cristianismo desligada de sus propias raíces, más bien combatiéndolas. Así, el estudio de los Credos ha venido a ser para muchos, casi un lujo académico de los amantes de antigüedades, pero sin ningún fruto provechoso ni práctico para la iglesia de hoy. Muchos cristianos ignoran las controversias doctrinales de la antigüedad y aunque hoy están de pie sobre la base de formulaciones ortodoxas correctas que resultaron en Credos, parece que consideran el estudio de las Confesiones de fe, una pérdida de tiempo, cuando no un motivo de contiendas innecesarias en la iglesia.

Quizás la iglesia de hoy ha menospreciado su encargo histórico. Conocemos por 2 Timoteo 1:13-14: ‘Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros’, que la iglesia ha recibido un depósito doctrinal y la forma o norma de las sanas palabras, que la iglesia es esa estructura espiritual debe retener la verdad en sus contenidos y formas correctas o lineamientos adecuados o estructura correcta. No se encargó a la iglesia guardar ciertas verdades o ciertas prácticas, sino las verdades y prácticas que definen lo que es el evangelio, se le encomendó diferenciar lo que es la sana doctrina de lo que no lo es, de lo que no se puede llamar sana doctrina o verdad y preservarla. El encargo no se trata de generar verdades cada momento, se trata de la pedagogía de recibir un legado que debe ser guardado, retenido por el Espíritu Santo y comunicado a otros con suprema fidelidad (2 Tim.2:2).

Quizás también la iglesia de hoy no ha implicado correctamente lo que es ser ‘columna y baluarte de la verdad’ (Cf.1 Tim.3:15). No solo es relevante la exhortación a ser el soporte de la verdad, a saber, esa estructura espiritual que sostiene, aguanta y lleva en sí la verdad del evangelio, sino que es muy importante observar que se reconoce la existencia de un cuerpo de doctrinas llamada ‘verdad’, algo particular, concreto, que podía diferenciarse de lo que no lo era y que debía ser soportado y vigilado. En orden eso significa que la iglesia ha recibido un tesoro concreto y distinguible llamado verdad, que la misma iglesia debe, por el poder del Espíritu Santo, soportar, sostener y pasar con fidelidad a otros.

Pero hemos de aceptar que ya para el año 50 d.C., (Mucho tiempo antes de las epístolas pastorales escritas aprox.63-67 d.C. y citadas primero), cuando el apóstol dirige la solemne advertencia a los Gálatas: ‘Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema’ (Gal.1:6-9), se concluye que la iglesia era consciente que ya poseía un conjunto doctrinal llamado: evangelio. Un cuerpo de doctrina fijo, particular, distinguible de aquello que no correspondía o que podía ser diferenciado. Algo que era inmodificable aun por los propios apóstoles. Este conjunto de cortinas recibidas, que debían ser preservadas, no son asuntos periféricos del cristianismo, sino doctrinas que definen qué es el cristianismo, qué es la sana doctrina, qué es estar en la verdad.

Ahora preguntémonos, ¿Estos solemnes encargos leídos anteriormente, correspondían solo a la iglesia del primer siglo? Si así hubiera sido, no tendríamos certeza que hemos recibido la fe verdadera, porque si la segunda generación de cristianos omitió esta labor o no la relacionó con sus responsabilidades, si perdió el deposito, la norma de las sanas palabras, si no fue el soporte de la verdad y ya no la tiene en su seno, ¿Cómo saber si tenemos o no un evangelio distinto? Pero ¿Crees que el Espíritu Santo ha venido trabajando en su iglesia desde pentecostés? ¿Crees que cada generación ha entregado a hombres fieles el depósito? ¿Crees en la existencia actual de un organismo llamado iglesia que soporta la verdad dentro de sí?

La iglesia ha asumido que estas exhortaciones corresponden a sus responsabilidades y desde el primer siglo ha tomado, a veces con más fuerza que otras, la tarea de retener la fe, de guardarla con celo y de traspasarla a la próxima generación de creyentes. Puedes mirar el ánimo de vindicar la fe del conocido Credo apostólico, llamado así por la síntesis más básica y trinitaria del cristianismo apostólico, no porque los apóstoles la hayan redactado. Puedes corroborar la manera en que la iglesia entendió su papel yendo por los Credos llamados ecuménicos. Ecuménicos, no en el sentido moderno de la palabra sino en el sentido de universales, porque representaron en general el “universo” evangélico del momento (Niceno-Constantinopolitano [Nicea 325 y puntualización en Constantinopla 381], Atanasiano y el de Calcedonia 451). Mira las confesiones de fe en la Reforma y posterior a ella. La iglesia es una iglesia confesante, que se goza en la claridad de la verdad, en guardar y promulgar la verdad.


a. Aspectos introductorios
- ¿Qué es una Confesión de Fe?
Podemos afirmar que un credo, confesión de fe o símbolo, es una declaración doctrinal a manera de resumen o síntesis lo más sistemática, precisa y concreta posible. La distinción más noble de una confesión de fe es pues la procura de ser tan fiel a la Palabra de Dios como sea posible y en armonizar las doctrinas bíblicas de manera que todo el Consejo de Dios sea honrado. Por ello cada frase en las Confesiones históricas tiene un soporte bíblico que procura demostrar que dichas declaraciones, corresponden a lo que la Palabra de Dios enseña. En esto quiero enfatizar, pues la legitimidad de una Confesión de fe se encuentra en extraer las doctrinas bíblicas, ordenarlas y armonizarlas, jamás en someter a la Biblia a presupuestos denominacionales.

Si bien hay declaraciones doctrinales muy generales, organizadas según el propósito, sean verticales, para enseñarnos el sistema de doctrina desde Dios, el hombre, Cristo, la salvación,  etc., u horizontales, empezando por lo que somos y tenemos en Cristo hacia lo demás, o quizás organizadas de manera que solo enfaticen un tema particular en doctrina o la procura de representar las doctrinas que definen la sana doctrina, toda confesión doctrinal tiene como objetivos la precisión doctrinal en contra de la ambigüedad, la armonía doctrinal en contra de la confusión, la defensa de la verdad en contra del error. Aquí cito a un autor: “algunas confesiones de fe actuales procuran minimizar las diferencias que existen entre los credos y buscan puntos de acuerdo sin dirigirse directamente a los desacuerdos. Este no fue el caso para las confesiones del pasado, especialmente las de la época de la Reforma. Los reformadores luteranos, calvinistas y aun católicos hablaron claramente.  De ninguna manera consideraron que ignorar los asuntos serios que dividían sus iglesias fuera algo positivo.  Todos sentían una fidelidad genuina a sus posiciones y no temían explicarlas y defenderlas y fruto de ello su esfuerzo de años por escribir credos y confesiones”.

 

- ¿Qué es entonces ser confesional?

El sentido más amplio de ser confesional
Déjame plantear un asunto importante aquí. Muchos cristianos quieren huir despavoridos de ser relacionados con ser confesionales. Por muchos motivos que quizás veremos en brevedad más adelante, no desean ni siquiera estar al lado de quienes afirman un credo ni de quienes hablan de su necesidad. Ellos afirman que su credo es la Biblia y punto. Esta falsa dicotomía, credo o la Biblia, hace parecer que los cristianos que adoptan una confesión de fe, no son bíblicos y los que no adoptan un credo, sí que lo son. Sin embargo, el problema no desaparece, porque en un sentido amplio y muy genérico, todo cristiano es confesional.

Si le preguntáramos a un evangélico ¿Crees en la Biblia? ¿Crees en el Señor Jesucristo? ¿Crees en la divinidad de María? Aquí él nos delimitaría el contenido de su fe en parámetros generales distinguibles al contestarnos sí o no. Hay cosas que no cree, hay cosas que sí. ¿No es eso una definición doctrinal? Ahora, vamos adelante en las preguntas, pero esta vez aún más particulares: ¿Qué crees de la Biblia? ¿Crees en la inspiración y su inerrancia? ¿Qué crees de Cristo? ¿Crees en su deidad y sus oficios? Etc. Así que aquí hay una definición más puntual y especifica del contenido de la fe. ¿Por qué sacarían de la comunión de una iglesia a un individuo que afirma creer en la predestinación como les ha pasado a muchos de ustedes? Porque esa iglesia, así no lo acepte, tiene una confesión de fe.

El problema aquí es que esa confesión de fe es algo privada, subjetiva, quizás reposa en la opinión generalizada, pero es maleable, se estira o se encoge, fácilmente es expugnada, enfatizada o despreciada. A veces no es ni del conocimiento de todos y reposa solo en la mente del líder de turno. Muchas veces solo representa los asuntos logísticos y superficiales de una denominación, pero no la verdad, no el evangelio, no las doctrinas. Pero sea como sea, es una falacia pensar que hay un grupo de evangélicos que no tengan una especie de credo, ya al ser evangélicos han tenido que evaluar los demás sistemas para serlo.

 

El Sentido más restringido de ser confesional
Pero en un sentido más restringido, ser confesional es adoptar consciente, inteligente y libremente un credo doctrinal definido, público y más aún, histórico. Hablo de forma consciente e inteligente para contrastarlo con algo que se asume por mera inercia espiritual. Uso las palabras “adhesión consciente, inteligente y libre”, por aquello que la gente puede llegar a creer porque es la costumbre o la creencia generalizada de cierto grupo. Cuando hablo de “público” lo hago para contrastarlo con aquello que solo reposa en la mente o en la conciencia profunda de los lideres o de un grupo selecto de la iglesia.  Como podrás ver, las diferencias saltan a la vista. Aquí se presupone que tal iglesia tiene una Confesión de fe y que no la oculta, sino que es pública. Que esa confesión de fe no está al alcance de ser moldeada por las demandas del día a día de la iglesia. Que esta confesión de fe representa el entendimiento doctrinal e histórico de dicha iglesia.

Más restringidamente, la palabra confesional habla de la conformación a una confesión de fe histórica que surge de la reforma histórica. Las Confesiones de fe reformadas generales (a diferencia de las estrictamente denominacionales) tuvieron la particularidad de incluir en líneas generales las verdades de los concilios pasados. Así incluyeron doctrinas como la Trinidad, la deidad y las dos Naturalezas de Cristo, asuntos que, por ejemplo, se discutieron en concilios pasados. Pero sistematizan de la mejor manera, las principales doctrinas de la fe evangélica. Quizás con la expectativa que una iglesia verdaderamente evangélica, aun cuando crea más que eso, jamás creyera menos que eso y siempre dentro de esos límites.

A diferencia del consenso actual donde se resume la doctrina cristiana a cinco o diez cosas muy generales, algo vagas o poco concretas, las confesiones históricas gozaban de varios capítulos con sub puntos o párrafos explicativos. Por ejemplo, la Confesión de fe de Westminster resumió las doctrinas bíblicas en 33 capítulos en más de 170 párrafos con su sustento doctrinal, la Confesión Bautista de Londres en 32 capítulos y más de 160 párrafos sustentados bíblicamente, La confesión histórica de la iglesia anglicana en 39 artículos y la luterana (De Augsburgo) en 29 artículos. Más precisión, más claridad, más definición, caracterizó la iglesia en sus mejores momentos de entendimiento doctrinal. ¿Qué puede estar pasando hoy?

 

- ¿Cuál ha sido el proceder histórico de la iglesia al respecto?
Así que podemos afirmar que la iglesia, es una iglesia confesante. Cuando la iglesia tiene vida espiritual, afán y celo por la verdad, cuando ha tenido más claridad bíblica, la iglesia ha confesado su fe con más precisión. La iglesia no solo tiene cabeza para entender, no solo tiene manos para hacer, tiene también boca para confesar lo que cree y ¿Por qué? Porque la vida de la iglesia se desarrolla en terreno enemigo donde reina la oscuridad, la confusión, la ambigüedad.

 

b. Objeciones contra la Legitimidad de las Confesiones de Fe (Y Breves respuestas)


1. Las Confesiones de Fe minan el concepto de Sola Escritura
Afirmamos sin lugar a duda que reconocemos las Santas Escrituras como el instrumento por el que Dios regula la fe (creencias) y vida de la iglesia. Creemos pues que a la Palabra de Dios no ha de añadírsele nada, pues es suficiente para preparar a los creyentes para toda buena obra. Esto ha llevado a muchos a decir: “Nada de credos, solo la Biblia”. Pero manifestar una adhesión general a la Biblia también lo hacen todos los grupos considerados herejes. Como expresó un autor: “Una confesión de nuestra lealtad a la Biblia no es suficiente. Las negaciones más radicales de la verdad bíblica coexisten frecuentemente con un profesado reconocimiento de la autoridad y el testimonio de la Biblia” (R.P. Martin).

Ahora, la acusación sería cierta si les concediéramos a nuestras confesiones un lugar igual al de la Biblia en autoridad, como Roma con sus tradiciones. Pero ni fue el modo de obrar ni el propósito de los que trazaron los credos reformados. Repetimos que las Confesiones de Fe tiene su virtud en cuanto a que se apegan y extraen (o exprimen) las doctrinas de la Biblia y las sistematizan. La Confesión Bautista de 1689: ‘La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores’ (1:1). ‘Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en la Santa Escritura; a la cual nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres’ (1:6).

“Las grandes confesiones reformadas no pretenden convertir en verdad algo que no fuera verdad anteriormente; ni se proponen obligar a los hombres a que crean algo que no estén ya obligados a creer sobre la base de la autoridad de la Escritura”. Las Confesiones de fe antes, honran las Escrituras en la manera que procuran preservarla con fidelidad y la proclaman. Además, como afirma un profesor: “¿Qué queremos decir cuando llamamos a las Escrituras nuestra única autoridad? Nos referimos a que es nuestra única autoridad divina. No nos referimos a negar toda autoridad humana. La misma escritura enseña la legitimidad de la autoridad humana en la familia (Ef. 6:1-4), el estado (Rom.13:1-7) y la iglesia (Heb.13:17). Las Confesiones son expresiones de la autoridad que Dios ha dado oficialmente a la iglesia para enseñar la Palabra de Dios (Mt.18:17; 1 Tim.3:15). Éstas son promulgadas por una autoridad humana legítima. Sólo donde la autoridad divina se atribuye a los credos y las tradiciones de la iglesia, se infringe la única autoridad de la Escritura” (Waldron).

 

2. Las Confesiones de Fe son inconsecuentes con la libertad cristiana
Algunos individuos apelan a la libertad cristiana y de conciencia para señalar como impositivos e inconsecuentes con estos dones de Dios, los credos o confesiones. Ellos apelarán a su libertad para seguir al Señor de acuerdo a la luz que tiene y a su libre y particular examen de la Escritura. Ellos afirmarán que desean ser libres para ser guiados hacia las Escrituras sin prejuicios. En teoría parece loable, solo que prácticamente es imposible ir a las Escrituras sin presupuestos. El individuo aquí señalado ya entró a la Biblia con sus propios presupuestos, hizo lo que criticó. Lamentablemente este tipo de individuos esconden una resistencia a la autoridad de la Biblia y su ánimo de apartarse de la ortodoxia para establecer un sistema propio de pensamiento. Por eso sabe que le toca combatir las formulaciones doctrinales históricas. Y como afirma un teólogo: “Los hombres raramente se oponen a los credos hasta que los credos se oponen a ellos” (Miller, citado por R.P. Martin).

Ahora, ¿Qué respuesta daremos? Que, si una persona tiene ligada su conciencia a la Palabra de Dios, una confesión de fe nunca les hará daño. Se dañaría la verdadera libertad de conciencia en el caso que una persona fuese obligada a adherirse a un credo que no conoce, sin que lo pueda examinar o bajo alguna amenaza o coacción. Pero antes habíamos hablado que ser confesional implica conciencia y libertad. Además, la autoridad humana derivada de Dios, no necesariamente infringe la libertad cristiana. ¿Las reglas de la familia, el estado o la iglesia infringen la libertad cristiana? Pudieran hacerlo, pero no si ellas representan legítimamente su llamado. Termino citando a B.H. Carroll: “‘Una iglesia con poco credo es una iglesia con poca vida. Cuantas más doctrinas divinas pueda acordar una iglesia, tanto mayor será su poder y más amplia su utilidad. Cuanto menos sean sus artículos de fe, tanto menos serán sus vínculos de unión y cohesión. El clamor moderno: “Menos credo y más libertad,” es una degeneración de los vertebrados a las medusas, y significa menos unidad y menos moralidad, y significa más herejía”.

 

3. Las Confesiones de Fe son palabras de hombres
Algunos cristianos muestran su resistencia a las Confesiones de fe, bajo la idea que seguir una confesión de fe es seguir palabras de hombres, por lo que desean solo seguir a Dios. Ellos afirman que no deberíamos creer ni seguir las confesiones de fe por ser palabras de hombre. A esto solo tengo un par de argumentos, uno filosófico y otro que ya hemos visto. Mi primera respuesta es: ¿Y quién está afirmando la frase que nos anima a no creer en los credos por ser palabras de hombres? Es un hombre también. Así que destruye lo mismo que pretende defender. Desea que sus palabras, siendo él un mero hombre, sean guardadas y obedecidas y ¿Qué nos exhorta a obedecer? Que no sigamos los credos sobre la base que son palabras humanas. Quizás lo que quiera decirnos es que nos apartemos de los credos pero que le hagamos caso a él. Lo segundo es insistir cuál es la fuente y la legitimidad de las Confesiones de fe, la Palabra de Dios y su apego a ella. Pero ¿Acaso es contradictorio según la Biblia procurar guardar, preservar y proclamar la verdad de la Palabra de Dios? No, esto también es bíblico.

 

c. Beneficios (Usos) de las Confesiones de Fe


- Mantiene dentro del marco de la verdad a una iglesia y sus tareas
A la iglesia se le dio como un depósito la verdad y como una tarea el guardarla, preservarla y proclamarla. Pero la iglesia reconoce que tiene dos grandes comisiones divinas en el plan de Dios, una comisión hacia adentro, hacia sus propios miembros, de edificación en la Palabra de Dios y una comisión hacia afuera con respecto al mundo perdido. Las Confesiones de fe nos ayudan a mantenernos en ese marco de nuestro llamamiento, nos guía en nuestras tareas hacia adentro y hacia afuera, pero sobre el marco de la verdad doctrinal.

 

Hacia adentro
Instrucción (+). Las Confesiones de fe son una herramienta demasiado útil para la instrucción de la iglesia en las doctrinas bíblicas, no anexas a nuestra fe, sino en las doctrinas que definen nuestra fe. Las Confesiones de fe nos acercan a ese legado bíblico, histórico y sano en el que la iglesia ha crecido en su peregrinar. Nos ayuda a establecernos más en la fe, a entender todo el Consejo de Dios, facilita el entendimiento cristiano y aumenta el discernimiento. No tenemos que esperar un problema en la iglesia ni un conato de división por doctrina para enseñar las doctrinas que nos definen como cristianos evangélicos.

Cuidado (-). Pero sin duda que mucho del contenido de las Confesiones históricas, se cocieron bajo el ardor de controversias y conflictos doctrinales que amenazaron la iglesia en su momento, por lo que siempre una Confesión de fe será una herramienta útil para prevenir las herejías o errores doctrinales o para combatirlos bíblicamente, porque las herejías solo cambian de nombre, pero vuelven a aparecer en la historia de la iglesia. Muchas herejías han hallado buena recepción en las iglesias porque sus defensas doctrinales estaban muy bajas, había ignorancia, desconocimiento, falta de madurez en la Palabra. Las Confesiones de fe ayudan a la iglesia a cuidarse de los ataques abiertos o soterrados de doctrinas erróneas.

Comunión (+). Tenemos como cristianos, tremendos llamados a estar en y unidad y comunión sobre la verdad, a ser de un mismo parecer o sentir en el Señor (Ef.4:3; Rom.15:5,6; 1 Cor.1:10; Fil.1:27; 2:2). No hay otra base legítima para una verdadera comunión, que en su significado más básico es tener una común unión. ¿Y qué nos identifica en una iglesia? ¿Los gustos, las nacionalidades, las profesiones? No, la doctrina, el evangelio. Al establecer el fundamento de la unión, se protegerá la paz en las iglesias, lo contrario si hay diversidad de pensamientos con respecto a la doctrina. Imagina a un hermano que observe el principio que regula la adoración o que no crea en la deidad de Cristo adorando al lado de quien no cree en tales doctrinas. ¿Habrá comunión o molestia?

Pero permítame ir más allá, pues, en este mundo de confusión en el mundo cristiano ¿Con quienes tendremos verdadera unidad? No hablo de amistad, respeto o consideración, porque creo que con todos debemos ser gentiles. Hablo de ¿Con quienes trabajaremos en causas juntos? ¿De quienes pediremos consejo, ayuda y asesoría? ¿Podremos trabajar bajo un mismo fin si uno cree que la Biblia es suficiente y el otro espera una revelación profética de Dios, de recepción e interpretación subjetiva? ¿Podremos aconsejar a alguien en un asunto eclesial si este no cree en la iglesia? ¿Podremos estimularnos a la santidad si algunos piensan que es loable cierta mundanalidad mientras otros están decididos a erradicarla? La verdadera comunión se da en la verdad, se da hacia arriba de los muros, no hacia abajo. Las confesiones de fe pueden hacer posible que pese a que no somos calcados, varios pastores podamos trabajar juntos como es el ejemplo en estas conferencias.

Distinción (-). Lamentablemente la realidad es que en muchas iglesias, el número de asistentes no es el mismo número de miembros. Tenemos que hacer a veces, esa bochornosa distinción pública de miembros y asistentes. Puede ser que muchos de los que aplazan su membresía en las iglesias, se deba a que tiene reparos sustanciales con lo que enseña la confesión de fe. Seguramente no esperamos que el próximo miembro recite literalmente toda la confesión de fe, pero sin duda que si exista una orientación a ser enseñado en ella. La Confesión de fe nos ayuda a entender muchas veces quienes están en procuras de seguir la verdadera comunión. Es más sabia una sana distinción y no una falsa comunión.

Disciplina. Una confesión de fe publicada provee también una norma doctrinal concisa para ser utilizada en la disciplina de la Iglesia. Hemos de fijarnos ‘en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos’ (Rom.16:17). Hemos de excluir a los que perturban la paz de la Iglesia mediante la falsa doctrina: ‘Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación, deséchalo’ (Tit.3:10). Con objeto de cumplir su papel de guardar la pureza de su lista de miembros, la Iglesia debe tener una norma doctrinal, y esa norma debe publicarse abiertamente, pues los hombres tienen derecho a saber por qué particularidades serán juzgados. Requerir que la Iglesia ejerza disciplina contra el error doctrinal sin una confesión de fe publicada conlleva en sí mismo una imposibilidad y mucho de subjetivismo pues ¿Sobre qué base le diremos a alguien que ha abandonado la fe?

 

Hacia afuera
Distinción. Si bien cualquier grupo cristiano o dentro de lo que se conoce como cristiandad, puede afirmar creer en la Biblia y basar sus enseñanzas sobre ella, fácilmente se puede ver que no creemos lo mismo y en muchos aspectos cosas contrarias. Una Confesión de fe presenta de forma clara, delinea de forma específica el cuerpo de doctrina de manera que podemos distinguirnos honestamente de otros grupos. La visión pragmática de muchos les lleva a pensar que todo lo que no es católico romano es evangélico y eso sí que es un error. Básicamente no queremos presentar una distinción arrogante entre un grupo y otro sino la distinción entre la verdad y el error. No es lo mismo creer en el Hijo del Dios eterno que en el eterno Hijo de Dios. No es lo mismo creer que Cristo es el más prominente de la creación que creer que Cristo es el primer creado. La distinción entre verdad y error siempre debe mantenerse por amor al mundo al que evangelizamos no sea que concluyan viendo a la iglesia de Cristo que finalmente todos los caminos van a cielo.

 

Proclamación
El anuncio del evangelio puede llegar a ser más preciso observando una Confesión de fe. En épocas donde el método ha venido a ser más importante y más estudiado que el mismo contenido del evangelio, tener un cuerpo distinguible y preciso de lo que es la verdad, el evangelio, capaz de aguantar el paso de los años, digno de ser entregado a la próxima generación, no es un lujo. De hecho, la misma experiencia en este país nos ha mostrado que las iglesias que no adoptan una confesión de fe de manera consciente e inteligente, pueden con los años modificar su mensaje al vaivén del mundo. Somos testigos de cómo ha cambiado el mensaje de la verdad en los últimos 30 años. De un mensaje evangélico quizás muy limitado de Cristo salva, pasamos a que Cristo sana, salva, bautiza y da poder, a un Cristo que sana para tener hoy solo un Cristo que prospera. ¡Cuánto bien hubiese hecho un cuerpo público e histórico de doctrina que nos hubiese mantenido en el camino de la verdad!

 

Defensa
La iglesia también debe contender ardientemente por la fe (Jud.3) y debe estar preparada para presentar defensa de la fe, es decir, doctrina. Las Confesiones de fe son una maravillosa herramienta para mantenernos en la fe mientras la defendemos. La historia confirma que muchas formulaciones que hoy son credos o partes de ellos, surgieron para la defensa de la fe de los ataques del error doctrinal y las herejías. Como habíamos afirmado, cada generación de la iglesia tendrá que defender y vindicar la fe en su momento, pero no hay enemigo nuevo, de cierta manera los enemigos de hoy han sido los mismos de ayer, pero con nueva máscara. Las Confesiones de fe nos permiten estar seguros de estar combatiendo el error, parados en la fe histórica, en lo que siempre el pueblo de Dios ha creído y practicado.

- Norma concisa para evaluar a los ministros de la Palabra
Si consideramos lo que 2 Tim.2:2 y Tit.1:9 nos señalan, encontramos que es necesario que los ministros sean sanos en la fe, dignos receptores de los misterios de Dios quienes guarden, preserven y comuniquen el evangelio a la próxima generación. Si bien, como piensan algunos, un nuevo miembro puede que sea recibido sobre la base de la buena fe y del ánimo a ser enseñable en una Confesión de fe, los ministros de la Palabra sí deben ser calificados en su adhesión completa a ella. Pero ¿Cómo saber si un hombre es sano en la fe si no hay unos lineamientos públicos accesibles a todo el pueblo de Dios para calificarlo? Lo más honesto que podemos hacer es poner en conocimiento de la iglesia las bases sobre las que un ministro de la Palabra va a ser probado como un buen ministro o no. “Sin una confesión de fe la evaluación que hace una iglesia de sus ministros es fortuita y superficial en el mejor de los casos; y la iglesia estará en gran peligro de imponer las manos a neófitos y herejes, todo porque no mide a los candidatos al ministerio por una norma amplia y profunda […]No se puede sobrestimar el daño infligido a las iglesias por la negligencia al colocar hombres en la enseñanza teológica y darles la oportunidad de moldear las maleables mentes y almas de jóvenes candidatos al ministerio” (R.P. Martin).

 

- Contribución al sentido de continuidad histórica
Permítame hacer eco de las preguntas de un teólogo: “¿Cómo sabemos que nosotros y nuestra congregación no somos una anomalía histórica, que no somos los únicos en la historia que han creído de esta manera?”. Y déjeme añadir a esta pregunta ¿Cómo sabes que lo que crees no ha sido una doctrina que ya la iglesia en sus mejores momentos denunció y apartó de sí como una herejía o desviación doctrinal? Y a esta añado ¿Crees que el Espíritu Santo ha acompañado a la iglesia desde Pentecostés dando más luz en el estudio de la Escritura y dotando de pastores y maestros su grey para el cumplimiento de sus deberes? ¿O acaso piensas que eres el primero que se acerca a las Escrituras y a la teología? ¿Crees que Dios ha dejado sin luz a su iglesia tantos siglos y que es esta generación la que sí goza de más luz?  

A la verdad, somos la última y más joven generación que se está acercando a la iglesia y sería una muestra de torpeza y arrogancia espiritual pasar por alto veinte siglos de historia eclesiástica y creer que podemos empezar de ceros sin la ayuda de lo que Dios ya ha hecho en su iglesia a través de pastores y maestros. Las Confesiones de fe nos ayudan a no desprendernos del privilegio de tener una herencia doctrinal y a pararnos sobre la obra del Espíritu Santo en la iglesia. Si bien hoy podemos aplicar las Confesiones de fe históricas a las nuevas demandas del mundo, jamás podremos superar el legado que ya nos ha sido dado como iglesia y que se ha venido pasando de generación a generación.