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LA DICTADURA DE LA TOLERANCIA MORAL

dictadura

Es verdaderamente alarmante encontrarnos amedrentados bajo el lenguaje violento e impositivo de aquellos que promulgan la famosa tolerancia moral, para introducir en forma de ley, desviaciones morales, como para que ahora, se amedrente a toda una nación con las leyes soterradamente elaboradas y con una duda bien razonable de la legitimidad de su promulgación. La agenda gay progresa por el esfuerzo de los medios de comunicación y la gran cantidad de dinero que seguramente manejan, como para mantener amordazados varios sectores de la política. Aun así, no con tanto poder como para reprimir una conciencia iluminada por la Palabra de Dios, como es el caso de los cristianos y por gracia común, de muchos que no lo son.


Seguramente usted ha advertido que la tolerancia que predican con tanto fervor, solo tiene una vía y es la que va hacia ellos. Que el respeto por la expresión del pensamiento y las costumbres ajenas solo es a su conveniencia. Esto es lo que podríamos llamar una dictadura o imposición arbitraria sobre la vida y conciencia de la población. Creo que no desconoce que, como cualquier dictadura, se invierten miles de millones de pesos en reprimir los conatos de rebeldía y para la promoción de los ideales que se pretenden atornillar a la fuerza y con represión. Usted puede hablar a favor de cada aberración moral bajo la bandera de la libre expresión, pero nunca en contra, y escúchese bien, nunca en contra, porque hasta allí terminó su libertad. En cambio, ellos pueden hablar de cielo y tierra, acceder a beneficios y palestras públicas, apoyados, no es su valor como ciudadanos sino en el brusco poder que ahora tienen por sus elecciones morales, bajo una argucia jurídica que los catalogó como una minoría, por lo cual, sujetos de derechos especiales. Usted puede quedar, de forma fácil, del lado de la criminalidad solo por hacer con ellos lo que ellos no cesan de hacer con la mayoría.

Pero la Palabra de Dios no le pide permiso a nadie para hablar. Ella habló primero y testifica de la impronta divina sobre ella. Cada palabra salió de la boca de Dios con poder infalible e inerrante y nunca se rendirá a la presión mundana ni aceptará a ir a los tribunales humanos para ser juzgada. La Palabra de Dios nunca se ha arrodillado ni rendido ante las más altas mareas de la putrefacción moral de una sociedad. Ella misma afirma que de conocerse, hará libres a sus poseedores. El pueblo de Dios, aun cuando sienta las pesadas cadenas de la inmoralidad con las que se le piensa amordazar, es libre en el santuario inexpugnable de su conciencia y su vida piadosa. Jamás deberíamos asumir la victoria del pecado en nuestro medio, pues si bien, sabemos que todas las cosas al final de los tiempos serán convulsionadas y llevadas a la maldad moral, la Biblia en ninguna de sus partes afirma que el mundo va a hacer eso con la venia de la iglesia o por encima de su silencio.

Para cualquier lector superficial de la Biblia, es suficientemente claro que la homosexualidad en cualquiera de sus apelativos modernos (LGTBI), es altamente condenable por Dios mismo (Rom.1:18-31; 13:13; 1 Cor.6:9-10; 1 Tim.1:10). Dios dejó claro desde la primera página de la Biblia que su diseño en Su mundo es el de un hombre y una mujer formando una pareja, una matrimonio, la base de una familia y por ende, de una sociedad. Que a lo largo de la Escritura, afirma y bendice lo que va de acuerdo a Su diseño y que denuncia, advierte y castiga contra todo aquello que no se conforma a su estándar moral. Los individuos tendrán que hacer un tipo extraño de gimnasia teológica para poder, desde la misma Biblia, enseñar el homosexualismo o no quemarse con sus exhortaciones. No hay ni un guiño de la Palabra Santa de Dios a favor del pecado, de este pecado, pero de ningún pecado.

Dios no tiene comunión con las tinieblas y la homosexualidad, por supuesto incluyendo al lesbianismo, son densas tinieblas. Este pecado, a diferencia de los demás, supera los pensamientos y costumbres pecaminosas y se expresa de manera aberrada dañando a sociedades desde su raíz. Si bien, hay borrachos, adúlteros, ladrones y más, solo el pecado de la homosexualidad se expresa con orgullo, se impone y sirve para lograr beneficios que el ciudadano común, nunca podría tener. Usted no verá marchas de borrachos por ser borrachos, carnavales de mentirosos haciendo gala de serlo, pero encontrará que estos individuos, desean impactar los sentidos y atornillar bruscamente su descarrío moral, llevando de nuevo a una sociedad a la miserable ruina moral, cuyos amargos frutos hace varios años ya hemos empezado a probar. Ellos no solo pecan sino que se mofan de ello y sin duda, que han encontrado en las esferas políticas, gente afín que estará a gusto con poder salir de su hediondo clóset para seguir contaminando esta sociedad.

Hablar así no es homofobia, aunque quien sabe en realidad qué significa esta palabra y su alcance, pues tiene la particularidad de moldearse como plastilina. Hablar así tiene que ver con el verdadero amor por aquellos que fuimos creados a imagen de Dios. Aceptamos que en un sentido, el pecado, cualquiera que sea, lleva a los hombres a la condenación eterna en el infierno y esto hace que sin ningún tipo de distinción, la iglesia continúe anunciando el mensaje del arrepentimiento de pecados y la fe para con Dios, para todo pecador, para los pecadores del calibre que sean y en la intensidad a la que hayan llegado. Pero, debido al gran impacto social y a la corrosión inherente de este pecado, los creyentes no debemos hacer ningún tipo concesiones con estas aberraciones. El costo es demasiado. Por lo que no debemos ahorrar esfuerzos en la oración y en la fidelidad al evangelio, al costo que sea.

Como lo afirmamos, esta guerra puede que ellos ya la tengan ganada antes de lucharla, porque solo esperan, como otras cosas en el gobierno, el momento para que se comunique que ya había sido todo aprobado. Pero jamás lo harán a costa del silencio de una iglesia que ha aprendido que cuando calla, pierde y que cuando omite su papel preservador como sal, se deslegitima frente al mundo. Por supuesto que como iglesia no somos responsables del bienestar social en todas sus áreas, pero en el área moral y previendo la mordaza con que se limitará el evangelio, es pues necesario movernos y hacer nuestra parte, tal vez y para esto, por varios años hemos venido siendo entrenados y más iluminados en los principios históricos de la reforma, para que, si Dios se compadece, hagamos valer la gloria de Dios en Su mundo en nuestra generación.

Jorge E. Castañeda D.