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LA PRESCRIPCIÓN ADECUADA

Mayo 16

‘Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír’.
Marcos 4:33

 

 

La Palabra de Dios es uno de los mayores beneficios que tenemos, no solo los  los justificados, sino los que no lo son. Aunque la Escritura no sea tomada de la misma forma por ambos tipos de personas, ni sea usada por Dios para los mismos fines, aun así las Sagradas Escrituras pueden ser comparadas sin equivocaciones, a una medicina que cura y en muchas ocasiones previene o limita los efectos del pecado en los individuos.

Los cristianos somos conscientes de ello, por lo que en general, mostramos celo y afán porque las personas conozcan el Bienaventurado mensaje y los principios de sabiduría infinita que aplicados correctamente dejan ver sus efectos benéficos en los individuos.


De nuestro Señor Jesucristo debemos aprender que la Palabra de Dios debe ser administrada con toda sabiduría. Puede estar seguro que el afán, la compasión y la urgencia que experimentaba en el alma nuestro Salvador porque todos conocieran el Evangelio, no tiene ninguna comparación con nosotros, sin embargo, supo hablar conforme a lo que la gente podía oír. Él mismo sabía de los efectos sanadores que tenían sus palabras para el alma pecadora. También era consciente de las consecuencias cancerígenas para el alma que las rechazara, aun así, estuvo dispuesto a dosificar sus enseñanzas de acuerdo a lo que sus oyentes podían entender. Esto no solo era verdad en al caso de sus enseñanzas para los que no creían en Él, también usó la misma pedagogía para sus propios discípulos: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar’ (Jn.16:12).  


La medicina puede ser muy apropiada para una enfermedad, pero ésta debe ser correctamente administrada o de lo contrario, puede empeorar o quizás matar al paciente, por lo que entendemos, el error no estuvo en la propia medicina sino en una administración equivocada.  Los hijos de Dios debemos tener celo, afán, y carga porque los que no conozcan el Señor  y su Palabra lo hagan y este afán nos debe llevar a saltar los obstáculos de nuestra indiferencia, pena, temor, individualidad y egoísmo, para que otros lleguen al conocimiento de Dios. Pero este afán no nos debe llevar a procurar vaciar todo lo que la Escritura afirma de cualquier manera a cualquier oído. Sera necesario mucha paciencia y sabiduría para no caer en la tentación de dar una prescripción equivocada a los que aún no pueden oír más allá. De acuerdo a la persona, el creyente debe estar dispuesto a abandonar temas que vienen solo como resultado de haber comprendido el evangelio. Mientras las personas desconozcan el mensaje central de la Palabra de Dios, que es el mensaje salvador, en vano presionamos a que la gente adopte los principios y ande sobre las promesas que han sido destinadas a los hijos de Dios. Largas discusiones sobre la idolatría, las prescripciones morales en detalle, los temas profundos de la salvación, los asuntos de conciencia, los textos difíciles de entender, la escatología profunda, a veces deben ser  sacrificados a fin de que la gente sepa de su condición y de la necesidad en Cristo como perdonador y Salvador. Luego seguramente podemos pasar a una dosis más grande y por qué no decir, todo caerá en su lugar.


Pero es necesario advertir que entre los cristianos, se encuentran personas que se niegan a comer lo sólido cuando ya hace tiempo tienen la capacidad de recibirlo. A estos que pueden y deben andar en lagos más hondos el Señor reprende por su lentitud y anima a que escuchen conforme puedan oír. (Hb. 5:11-14). Que el Espíritu Santo nos ayude en esta labor este día. Pida hoy tal sabiduría para administrar la Escritura para su mayor beneficio.

 

Lectura Bíblica

 

1 Corintios 9, 10
Salmo 135