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¡QUE SURJAN OBREROS RASOS SEÑOR!

Mayo 17

‘Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies´.
Mateo 9:38

 

 

Nuestro Señor Jesús apeló a un ejemplo tomado de los sembrados de trigo para llevarnos a reconocer una gran necesidad. El trabajo de la cosecha de este preciado producto, era una labor pesada, por eso, tanto en ese tiempo como ahora, era difícil encontrar personas dispuestas a esa clase de ocupaciones que no había manera de realizar, sino bajo el sol abrazador. El Señor pone de manifiesto una realidad y es que el trabajo de llevar el evangelio a quienes lo necesitan es una tarea ardua y quienes están dispuestos a hacerla son bien pocos..

No hay un equilibrio entre la necesidad y la respuesta, de hecho, aquellos que están esparcidos alrededor nuestro como ovejas que no tienen pastor, supera al número de aquellos que están solícitos a proclamar con paciencia y doctrina las buenas nuevas de salvación.


No, no me malentienda, la obra del Señor no adolece de gente que ame los pulpitos, los cargos y los ministerios de administración y mando. Nunca sobran individuos que sean atraídos por el liderazgo, el reconocimiento, el poder influenciar y la figuración. El Señor no está afirmando que faltan personas para enrolarse en miles de actividades, proyectos, estrategias, coros, música y teatro. La pasmosa realidad que el Señor Jesús mostró es la falta de obreros, gente abnegada  y esforzada que haga el trabajo duro bajo condiciones adversas, de llevar con paciencia el evangelio a quienes lo necesitan. Esa es una vergonzosa y sentida realidad, la falta de obreros rasos.
Mientras nuestros seminarios, conferencias, talleres y otras actividades, están abarrotados de gentes, mientras día a día surgen individuos que anhelan el ministerio, en verdad son pocos los que en su alma cargan con la compasión de las almas que ignoran el evangelio. Faltan manos para ir a los lugares difíciles, para penetrar con el evangelio a familias, a individuos que no estén dispuestos a escuchar. Faltan obreros sacrificados que inviertan su tiempo y recursos, sin necesidad de un cargo o título honorifico, para que otros conozcan de su condición pecaminosa y sepan que solo en Cristo se encuentra la salvación del alma. No hay atajos ni métodos facilistas para ello. No se trata de convocar gente a un espectáculo o una actividad llamativa, es el anuncio perseverante, sufrido y preciso del evangelio bíblico. No es reunir a los que ya se reúnen, es ir a los que están dispersos.
El Señor Jesús no dejó salir estas palabras de su boca sin antes enseñarnos cómo recorría grandes distancias enseñando y predicando el evangelio con un corazón cargado de gran compasión (vv. 35 y 36). En su mente no estaba llenar una estadística de crecimiento, no estaba acumular créditos en su hoja de vida, alimentar su ego ni promocionarse.  Él era un obrero abnegado, sufrido y preciso con un mensaje claro. No solo fue a las sinagogas, a ciudades y pequeñas aldeas, se relacionó con gente humilde y no tuvo reparo en hablar a uno como a miles y si lees muy bien los evangelios, evitando la propaganda.


Por ello su encargo ‘Rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies’. Él  nos encomienda la tarea de orar para que hombres sinceros, humildes, compasivos, esforzados, reservados pero claros en su mensaje, llenen este mundo. El clamor por obreros fieles, más parecidos al Señor que a los artistas o personalidades del mundo, debe inundar el reino de Dios. Oremos y roguemos para que el evangelio sea extendido por individuos así y por qué no, poner en estrecho nuestra espantosa comodidad, para presentarnos ante el Señor como uno de ellos.

 

Lectura Bíblica

 

1 Corintios 11, 12
Salmo 136