Iglesia Bautista Reformada de Suba

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EN ADÁN

Julio 14

‘Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados’.
1 Corintios 15:22

 

En una época de marcada individualidad y egoísmo, como la nuestra, entender la figura de la representación, no es muy común. Sin embargo, si usted es lector regular de las Escrituras, ha debido advertir que el trato de Dios con los hombres en general, es por representación. Entre más temprano usted entienda este principio, las Escrituras se le abrirán ante sus ojos con mucha más luz y podrá comprender de qué se trata el Evangelio desde su misma esencia.

Nadie puede avanzar más allá del contenido básico de las Escrituras si no entiende que formalmente, Dios trata solo con dos individuos. De los millones de personas que han existido desde el primer hombre hasta el último que entre en este mundo, solo Dios trata con dos personas y a toda la humanidad en estas dos personas. Piense, si se quiere, en dos conjuntos donde está reunida toda la humanidad, pero cada conjunto está liderado por un solo individuo que da razón de los suyos y por quien los demás son tratados.


Estos individuos son Adán, el primer hombre y Cristo, el Hijo de Dios. Ellos son, no solo para nosotros, sino lo más importante, ¡para Dios!, los representantes de toda la raza humana. Cada individuo, usted y yo incluidos, estamos bajo una representación, estamos dentro de un conjunto, tratados por Dios dependiendo de quién es nuestro representante o cabeza. Por supuesto que cada ser humano no ocupa un lugar pasivo dentro del grupo donde se encuentre, más bien, se puede decir que honra a perfección el pertenecer a ese grupo. No somos habitantes indiferentes de nuestro conjunto sino activos, determinados, con iniciativa y orgullosos.


Gran parte de toda la humanidad está en Adán. De hecho, toda la humanidad nació en él, salvo el Segundo Adán, el Señor Jesucristo. Los demás hemos nacido bajo su representación, influidos por su condición. Nacer en Adán no es para nada una buena noticia porque nuestro representante desafió al bendito Señor y escupió su rostro. Adán fue parte de una rebelión contra Dios sin tener ni una sola razón para hacerlo y muchos bienes y bendiciones fueron pateadas por él sin que hubiese un motivo. En Adán todos hemos muerto para la comunión con Dios, somos pecadores por representación pero personalmente. Somos activos, somos buenos representantes de lo que es la rebelión, la desobediencia y la muerte y somos tratados por Dios de forma particular por esta realidad. En Adán todos mueren, en Adán todos son condenados.


En Cristo todos son vueltos a la comunión con Dios o, como lo llama el texto, la vida. Él es el Representante de todos los que están en Él. Lo lamentable es que nadie, por nacimiento natural está en Cristo como lo es en el caso de Adán. En Cristo solo están quienes han creído en el Evangelio de la gracia, los que han recibido convicción de pecados por el Espíritu de Dios para arrepentirse y aquellos que han recibido la fe para creer de todo su corazón en el Salvador Jesucristo. Ellos están en Cristo, ellos son tratados por Dios con base a quién es su representante. Son tratados como hijos, son bendecidos, ellos nunca serán tratados como si estuvieran en Adán. El que está en Cristo ha sido despertado a las realidades de su vida espiritual y ahora es un digno representante de esta vida nueva, por pura gracia.


Usted no puede dejar de pensar hoy en esto: ¿En quién estoy? ¿En quién me ve Dios? ¿En Adán o en Cristo? La diferencia no es pequeña, es la diferencia entre el cielo eterno y el infierno perpetuo.

 

Lectura Bíblica

 

1 Crónicas 19, 20, 21
Salmo 7