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JESÚS Y ZAQUEO, UN CUADRO DE LA GRACIA DIVINA

Julio 15

‘Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido’.
Lucas 19:10

 

Lucas 9:51, marca el evento que da inicio a los sucesos definitivos que terminarían en la crucifixión del Señor Jesús: ‘Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén’. De allí en adelante, podemos ver los últimos eventos que enmarcaron el final del ministerio del Salvador. Ahora, sabiendo que al llegar a Jerusalén su suerte era irreversible ¿Qué piensas que haría en su último recorrido por las calles de Palestina? ¿No quisieras ver los asuntos más relevantes y precisos que definen el ministerio del Salvador? Pues bien, aquí está de nuevo el Salvador, en su camino definitivo a Jerusalén pero antes de entrar decide irrumpir en Jericó.

El Señor parece ir directo a un destino específico. Era mucha la multitud que se agolpó para verlo y sin duda, como una marea, la multitud lo llevaba. Pero el Señor se paró frente a un árbol donde estaba un hombre que por curiosidad se había subido allí para verlo pasar. El Señor Jesús lo vio y se dirige a él con breves palabras de autoridad y van a su casa. Pero había un problema, ese hombre era Zaqueo y si usted hubiese vivido en ese tiempo en Jericó, el nombre “Zaqueo”, le hubiese destemplado lo oídos y le provocaría un -no muy amable- sentimiento hacia él. Ya ser publicano lo hacía despreciable, pero ser el jefe de todos ellos en ese lugar, lo hacía muy despreciable.


El Señor, frente a una gran multitud le había dicho que era necesario que Él entrara en su casa. ¿No se habría equivocado Jesús? ¿No era más común que tan grande personaje fuera y visitara a grandes personajes? O tal vez si hubiese visitado a un pecador, pero ¿Por qué a un publicano? ¿Por qué al jefe? ¿Por qué Zaqueo?


En esa sala ocurrió un gran milagro, el más grande milagro de todos. Un pecador se arrepintió y el Señor Jesús mismo lo declara así (v.10). Zaqueo que entró a su casa expectante y sin vida, cuando salió de ella, salió vivo, perdonado, salvo. Se despertó esa mañana condenado hasta el tope y fue a descansar, salvo, justificado y heredero de la vida eterna. ¿Por qué? La causa de este milagro fue por otro motivo menos la persona de Zaqueo, más bien porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.
Tal vez usted no pueda entender, como yo, por qué el Señor se desvía un poco de su camino hacia la cruz, por entrar a un pequeño pueblo e ir y salvar a un solo individuo. Antes de ir a dar su vida, fue a rescatar otra oveja por nombre propio. Tal vez hubiésemos esperado un memorable sermón, milagros día y noche, una explosión más visible de su poder. Pero entró allí a salvar a un pecador miserable y despreciado. ‘Zaqueo’, le llamó el Señor y esto resalta tanto la soberanía como la misericordia de Dios en la salvación de los hombres. Si había alguno supremamente indigno de recibir esta visita de forma particular y única, era Zaqueo. Por supuesto que al ver esto, no queda duda de lo que es la gracia soberana e irresistible de Dios.


Y ¿Qué de usted? Si usted está hoy en Cristo debe recordar que el Señor caminó por entre la maraña de sus pecados y lo encontró, no en una condición o posición salvable o amable, sino en sus pecados. Ese día Él pronunció su nombre y lo salvó por gracia, dejándole bien en claro que se compadeció de usted, cuando ni siquiera usted le buscaba. ¿No es eso gracia?
Bendiga hoy a Dios por eso y entrénese en esto porque será nuestra ocupación por toda la eternidad (Ef.1:6).

 

Lectura Bíblica

 

1 Crónicas 22, 23, 24
Salmo 8