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JESÚS Y ZAQUEO, UN CUADRO DE LA INCAPACIDAD HUMANA

Julio 16

Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura’.
Lucas 19:2-3

 

A veces se genera una gran discusión entre los que creen que la salvación del alma consiste en venir a Cristo en arrepentimiento y fe. La discusión, más o menos consiste, en que unos afirman que una persona es objeto de la obra del Espíritu Santo después que viene a Cristo voluntariamente y otros que afirman que la obra del Espíritu Santo se lleva a cabo antes, para que la persona pueda venir a Cristo de forma voluntaria en arrepentimiento y fe.

El siguiente es un cuadro, de muchos que se pueden apreciar en las Escrituras, de cómo una persona viene a Cristo. Zaqueo puede ejemplificar el tipo de hombre común y corriente, viviendo su vida en sus pecados, lejos de considerar al Señor Jesús como el perfecto Salvador de su alma. Este hombre, pese a ser del pueblo de Israel y sin duda conocedor del templo, sus sacrificios y sus enseñanzas, había vendido su conciencia a los intereses de Roma y era parte de ese grupo de personas que aprovechaba su labor de cobrar impuestos a sus paisanos, para sacar provecho de ello estafando y defraudando. Por supuesto que este hombre hacía parte de esas personas que eran odiadas por el pueblo, tanto que llegaron a constituirse en la mentalidad de sus paisanos, como una clase especial y extrema de pecadores (Cf. Mt.9:10-11).


Pero aquí no solo tenemos a un publicano sino a uno que era jefe de ellos. No puede haber un ejemplo más claro de una persona distante de la vida de piedad y de la salvación. Pero este hombre escucha que el Señor Jesús se dirige a Jericó y esto despertó en él cierta curiosidad. Usted mismo puede apreciar qué fue lo que movió a Zaqueo a subirse a aquel árbol. No fue un deseo de salvación, no fue movido por la convicción de sus pecados, la condición de su alma no era lo que lo apremiaba para ver al Señor sino su curiosidad. Y esto es todo lo que un pecador perdido puede llegar a sentir por el Salvador en sus mejores momentos. Este hombre no se atraviesa en el camino del Salvador clamando: “Hijo de David, ten misericordia de mí”, sino que fue movido por no perderse el evento de conocer a ese individuo que había generado tanta fama a su alrededor.


El Señor Jesús se detiene, al parecer de forma espontánea y lo hace descender para estar en su casa. Allí ocurre una de las conversiones más impactantes relatadas en las Escrituras por su inmediatez. Cuando el Señor estuvo con Él, ahora sí experimentó la vergüenza y convicción de sus pecados y un nuevo ánimo de andar en vida nueva. Pero lo que parecía un acto espontaneo del Salvador era parte de su plan. El Señor afirma que vino a ‘buscar y salvar lo que se había perdido’. En otras palabras, Zaqueo se subió a un árbol para llenar su curiosidad, el Señor Jesús se desvió de su camino para buscar a Zaqueo, con nombre propio y salvarlo.


¿En algo ayuda este relato a resolver las discusiones? Por supuesto. Zaqueo encontró salvación de una manera soberana. Fue para llenar su curiosidad y resultó siendo salvo. Esa mañana despertó muerto espiritualmente y se acostó como un heredero de la salvación. Quien se subió al árbol como un impenitente, terminó el día como un hijo amado. ¿Por qué? Porque el Señor vino a buscar y salvar. Y cuando ves un cuadro así, puedes concluir la miserableza de nuestra incapacidad para venir al Salvador. Si eres salvo ahora sabes que el Espíritu de Dios obró primero, luego y solo luego, pudiste venir a Él considerándolo como Salvador. ¡Gloria a Dios!

 

Lectura Bíblica

 

1 Crónicas 25, 26, 27
Salmo 9