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EL PECADO TOLERADO HOY ES LA CAÍDA DEL MAÑANA

Julio 17

‘Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente fuertes, hicieron tributario al cananeo, mas no lo arrojaron’.
Josué 17:13

 

Aunque sea un caso bien común no aprender de los errores de otros, los hijos de Dios, quienes hemos recibido la capacidad de entender la Palabra de Dios de forma creciente, deberíamos estar en capacidad de advertir entre las cosas que Dios permitió que quedaran en el Registro Santo, aquellas que muestran con toda claridad la realidad del pecado y sus consecuencias en las vidas de otros, para no pisar las mismas piedras y andar en los mismos caminos.

Tenemos una gran ventaja sobre muchos y es lograr ver resumida la historia de varias décadas en sus advertencias, transgresiones y consecuencias, en breves relatos que señalan enseñanzas de lo más profundas para nosotros y que seríamos necios en pretender ignorarlas o tomarlas como reliquias espirituales que no nos exhortan hoy.


El pueblo de Israel en el desierto, cuando Moisés aún vivía, recibió una orden clara de parte de Dios. Esta misma orden, al menos, fue dada en dos ocasiones distintas en épocas diferentes. El pueblo debería recibir la tierra prometida bajo dos solemnes instrucciones con sus respectivas advertencias. Usted tiene que leer estos dos textos y le ruego que lo haga: Nm.33:51-56 y Dt.7:1-5. El Señor fue bien claro con el pueblo. La expectativa era que al llegar a la tierra prometida, echaran y destruyeran a ‘todas’ las naciones y pueblos sin dejar ni uno. ¿Por qué? Porque ellos serían su tropiezo, el motivo de su adulterio espiritual, serían el motivo de su aflicción y del juicio de Dios sobre ellos.


Lo que empezó como una campaña obediente con Josué poseyendo la tierra, empezó a contaminarse por hechos como el de los tramposos Gabaonitas (Jos.9), con los que Josué hizo una alianza y no los destruyó (Jos.9:26-27). Luego podemos ver que una de las tribus de Israel dejó vivir entre ellos a dos pueblos contra el mandamiento específico de Dios (Jos.13:13). Más adelante podemos leer cómo de parte de otra tribu, los jebuseos fueron dejados en medio del pueblo (Jos.15:63) y también los que habitaban Gezer (Jos.16:10) y la misma suerte corrió para los habitantes de otra región (Jos.17:11-13). Como Josué, muchos del pueblo pensaron que echando a la mayoría de ellos, destruyéndolos en su gran parte, y a los que no, presupuestaron que poniendo dura servidumbre sobre ellos, sometiéndolos y hasta haciéndolos tributarios, cumplían con lo ordenado por Dios. La orden por supuesto era erradicar, echar y destruir esos pueblos y no permitir que ninguna nación cananea habitara en medio del pueblo de Israel, pero así ocurrieron los hechos (Cf.Jue.1:16-36). Cuando usted lee el libro de los Jueces puede ver el costo que el pueblo pagó por su desobediencia. Siglos de juicio del que no se pudieron reponer hasta que llegó el exilio. Con solemnidad le ruego que lea la descripción de Jueces 2:7-13 para advertir el funesto resultado de dejar pequeñas ciudades entre ellos, así fueran sus esclavas. Dios tenía razón al advertir las cosas, sus ordenanzas deberían llevarse a cabo tal y como Él dijo. Lo demás es desobediencia que atrae castigo.


De esto deberíamos aprender que el pecado no mortificado en el presente, es la transgresión del futuro. Que uno nunca debería hacer ninguna alianza con el pecado, pues Dios nos ordena mortificarlo, no ignorarlo, no taparlo, no mermarlo para que no exija tanto, sino llevarlo a la muerte y llevarnos a nosotros a morir al pecado. Pequeños vicios, tendencias, hábitos pecaminosos, no tan visibles hoy, serán el pecado escandaloso del mañana y que traerá justamente lo que Dios advierte. Esta enseñanza de siglos quedó compactada para nosotros en breves capítulos y sería una necedad doble no corregir nuestro andar cuando sabemos cómo termina la desobediencia a Dios y la complacencia en los “pequeños” pecados.

 

Lectura Bíblica

 

1 Crónicas 28, 29
Salmo 10